MUNDO

Verano de solidaridad sin fronteras de los Jóvenes por la paz, desde África hasta Roma, pasando por Grecia

El verano de los Jóvenes por la paz tiene destinos que no tienen nada de banal: desde Malaui hasta Atenas, pasando por las periferias de Roma, los encontramos con niños, refugiados y pobres, dedicados a una solidaridad sin fronteras.

En Grecia
Es el tercer año que los Jóvenes por la paz van a Atenas para hacer la Summer School con los niños del campo de refugiados de Schisto. El campo aloja a unas mil personas. Está aislado de cualquier núcleo urbano, pero tiene una conexión con la ciudad. Los refugiados que están allí tienen problemas para salir a trabajar y el aislamiento es el mayor problema.
Cada uno vive encerrado en su habitación, pequeños contenedores todos iguales, y solo salen para recoger alimentos una vez a la semana.
Más de cien niños de 5 a 12 años se han inscrito a la Summer School.

"Cada día –nos dicen– algunos de nosotros sacan del campo a unos cincuenta niños, y los demás se quedan aquí. Los niños están entusiasmados por ir en autobús por la mañana hasta una parroquia del norte de Atenas que nos deja utilizar sus locales para nuestras actividades. Allí estudiamos inglés, pintamos, jugamos y comemos juntos cada día. Otros días vamos de excursión a la ciudad. A la vuelta los niños se duermen en el autobús por el cansancio del día transcurrido y es hermoso, día tras día, ver a niños provenientes de lugares distintos mezclarse y jugar más allá de las barreras lingüísticas. Afganos, congoleños, curdos, sirios y somalíes se conocen y aprenden a hacerse amigos. Al llegar al campo nos reunimos con el grupo que se ha quedado allí todo el día, en los espacios que la administración pone a disposición. El campo no propone muchas actividades para niños, que muchas veces durante el año ni siquiera van a la escuela, y los días más cálidos del año esta falta de actividades se nota más. Todas las familias que están en el campo llegaron a Grecia hace ya mucho tiempo. Conocemos a familias que están allí desde hace tres años, pero hay otros que llegaron al país hace 5 años y cada 2 años son desplazados de un lugar a otro".

En Malaui
En Balaka, un pueblo de Malaui donde Sant'Egidio lleva a cabo muchos proyectos (DREAM, para la cura y la prevención del sida y otras enfermedades; BRAVO, para la inscripción en el registro civil; el Centro nutricional que ofrece una comida completa al día a 200 niños)  los Jóvenes por la paz han animado actividades de educación (lengua inglesa, habilidades escolares básicas, etc), educación a la paz, juegos y grandes fiestas, en las que los niños encuentran un espacio para hablar de temas importantes como el futuro, la paz, sus sueños...
Muchos de estos niños viven en la calle, o sin padres, y además de comida necesitan muchas otras cosas como ropa, zapatos o material escolar. Muchos se ven obligados a trabajar o a hacer tareas muy duras como sacar agua de pozos que muchas veces están a kilómetros de casa.
Muchos tienen que caminar horas y horas para llegar al centro nutricional o a la escuela, y en estos días de actividad se levantan muy pronto para llegar a tiempo a la cita de la mañana.
Junto a los jóvenes por la paz romanos, un grupo de estudiantes de secundaria de Balaka va cada día para ayudar en las actividades, pero sobre todo para pasar días de amistad. Varios de ellos fueron niños del centro nutricional que, tras haber crecido, sintieron el deseo de devolver el cariño que recibieron.
Es el mismo clima que se respira en la cárcel de Mulanje, donde los jóvenes fueron a hacer una visita y donde compartieron la experiencia de una Comunidad de Sant’Egidio que, dentro de la cárcel reúne a presos y a guardias. Es un sueño que rompe las barreras de la injusticia y del prejuicio, y que cambia la vida de quien lo vive. "Llevamos a los 450 presos un regalo, que era un pan y un kilo de azúcar. Hicimos la oración junto a la comunidad de Mulanje, y luego una fiesta con cantos, bailes, representaciones y para terminar un poco de deporte", explican los JxP.

Y en la ciudad

También los que se quedaron en la ciudad tenían mucho que hacer: los pobres no se van de vacaciones y, una vez finalizada la School Summer, en la que participaron cientos de niños de las periferias, los JxP van al comedor de Sant’Egidio de Roma, donde hace falta mucha ayuda para acoger y servir la comida.