Traducción Prensa

En el odio social se gestan feroces delitos. Artículo de Marco Impagliazzo en La Nuova Sardegna

10 Agosto 2022

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La muerte de Alika, un vendedor ambulante nigeriano asesinado brutalmente el 29 de julio en Civitanova Marche mientras intentaba ganar honestamente algo para su familia, nos debe hacer reflexionar después de lo ocurrido en el corazón de Italia. 
No podemos seguir como si nada hubiera pasado y considerar aquel asesinato como un simple gesto de un loco que archivaremos pronto para volver a nuestros asuntos cotidianos. Mientras Alika se ahogaba hasta morir, nadie intervino para salvarlo, aunque alguien sí encontró el tiempo para grabar la violencia.
¿Dónde estaba la humanidad en aquella calle de una tranquila ciudad de la región de Las Marcas? Algo está cambiando en nuestra sociedad, algo que viene del «interior» y no del «exterior». Es la imagen de una Italia que corre el riesgo de mudar de piel sin darse cuenta. ¿De dónde viene esta violencia y este cinismo?
Durante demasiado tiempo hemos pensado que las palabras no importaban mucho o, mejor, que solo valían si se utilizaban a gritos para destacar o, en la mayoría de los casos, si se utilizaban en contra de alguien. Especialmente contra aquellos que parecen «diferentes», en primer lugar los inmigrantes, a menudo percibidos como «enemigos» solo por su presencia, más allá de sus historias, que en muchos casos son historias de sufrimiento, y por sus condiciones de vida. Sin embargo, las palabras sí importan, y mucho.

Basta con echar un vistazo a la web para encontrar constantes predicaciones de odio, fruto de una cultura del desprecio que no tiene cimientos reales pero que está legitimada por la misma presencia en la red. Ahí nacen muchas veces los «monstruos» que debemos echar de nuestro horizonte. Ahí nace una vida de espectador anónimo, incapaz muchas veces de distinguir lo real de lo virtual, como en Civitanova, donde un hombre realmente murió.
El asesinato de Alika surgió de esta mezcla de predicación del odio y de desaparición de la solidaridad, una mezcla que a menudo encuentra en las redes sociales un conductor.
 
Así pues, parar y decir que no estamos de acuerdo en considerar al otro como un enemigo es el primer gesto para recuperar la cultura humanista de la que venimos, sobre la que se fundaron Italia y Europa y sobre la que se construyeron nuestras instituciones, de una manera más decisiva y articulada tras la terrible experiencia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.
Una cultura que conoce la piedad y la compasión es capaz de hacer participar a todos en la construcción de una sociedad más justa. Por eso decide no excluir, sino integrar a aquellos que tienen un aspecto distinto y valorar su sed de inclusión. No hay más que pensar en la escuela como un gran maestra que forma felizmente juntos, sin distinción, a niños italianos y a nuevos italianos.
Como segundo gesto, debemos ir más allá de la apariencia mirando a la cara a la «verdadera» realidad que nos habla de personas y familias originarias de países que aún poco conocemos, pero que ahora forman parte de nuestro paisaje italiano: algunos de ellos ya son ciudadanos, mientras que se ha perdido otra oportunidad de introducir la nacionalidad, a través del ius scholae, para los menores nacidos en Italia de ciudadanos extranjeros y que han completado un ciclo de estudios.
El sábado en Civitanova, un gran número de asociaciones participó en una manifestación de solidaridad con la familia de Alika y contra todo racismo. Era una forma de dar voz a esta cultura humanista y positiva que hay que recuperar y relanzar. Pero aún queda mucho por hacer. La sociedad civil puede dar ejemplo. Puede y debe impulsar a las instituciones y a  las fuerzas políticas que hoy están más tentadas que nunca -en la campaña electoral- de caer en la inmovilidad o, lo que es peor, en la instrumentalización. 
Mientras tanto, evitemos que mueran la piedad y la compasión por los más débiles, mostremos nuestra solidaridad con aquellos que sufren desprecio, multipliquemos palabras y gestos de atención hacia los más débiles para restar terreno a la cultura del enemigo, que es una cultura de la muerte .

[Traducción de la redacción]

 


[ Marco Impagliazzo ]