Vigilia del domingo

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Sabiduría 18,14-16; 19,6-9

Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía
y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero,
saltó del cielo, desde el trono real,
en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable, se detuvo y sembró la muerte por doquier;
y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra. Pues para preservar a tus hijos de todo daño,
la creación entera, obediente a tus órdenes,
se rehízo de nuevo en su propia naturaleza. Se vio una nube proteger con su sombra el campamento,
emerger del agua que la cubría una tierra enjuta,
del mar Rojo un camino expedito,
una verde llanura del oleaje impetuoso, por donde, formando un solo pueblo,
pasaron los que tu mano protegía
mientras contemplaban tan admirables prodigios. Como caballos se apacentaban,
y retozaban como corderos
alabándote a ti, Señor que los habías liberado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El autor ha celebrado los prodigios de Dios en favor de su pueblo, para liberarlo de la esclavitud de Egipto. Al final del libro retoma el momento final de la salida de Egipto, el paso del mar, aunque se mezclan otros aspectos de aquel largo recorrido a través del desierto para llegar a la tierra prometida, como el episodio del maná (v. 11). Todo se describe como una transformación de la creación, que pone de manifiesto el poder de Dios que viene a salvar a su pueblo. No hay nada imposible para Dios. Los elementos cambian ante Él, que es el Señor del universo. Las palabras de la Sabiduría nos sugieren con insistencia que confiemos nuestra vida al Señor: él nos ayudará a encontrar la sabiduría que nos permitirá comprender el camino del bien y de alegrarnos porque está entre nosotros. Ante los cambios profundos que han hecho aún más compleja e incierta la vida del mundo, la Sabiduría nos muestra la presencia de Dios como fuente de esperanza. Él no permitirá que sus hijos queden aplastados por las fuerzas del mal que a veces parece que prevalecen, ni tampoco permitirá que los que viven en la justicia y en el amor sean derrotados. El paso del mar es el cumplimiento de la Pascua, es el paso por las aguas del bautismo que creó en nosotros una criatura nueva.