Memoria de los apóstoles

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Recuerdo del apóstol Bartolomé de Caná de Galilea. Su cuerpo se custodia en Roma, en la basílica de San Bartolomé de la Isla, convertida en lugar de memoria de los «Nuevos mártires». Recuerdo de Jerry Essan Masslo, sudafricano refugiado en Italia y acogido por la Comunidad de Sant'Egidio. Fue asesinado por delincuentes en 1989. Con él recordamos a todos los refugiados.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si morimos con él, viviremos con él,
si perseveramos con él, con él reinaremos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 1,45-51

Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si morimos con él, viviremos con él,
si perseveramos con él, con él reinaremos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hoy la Iglesia celebra al apóstol san Bartolomé. Era originario de Caná de Galilea y el cuarto evangelio lo identifica con el nombre de Natanael (Dios ha dado). Su amigo Felipe lo llama y lo lleva donde Jesús, que al verlo dice de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Pero el encuentro con el joven profeta de Nazaret -como ya había pasado con Andrés y Felipe- es decisivo para Natanael. Decide cambiar de vida. Deja su casa y a sus familiares y se pone a seguir a Jesús que lo llamará a formar parte de los Doce. Después del día de Pentecostés, Bartolomé fue a predicar el Evangelio a India y a Armenia, según la tradición, donde le arrancaron la piel y murió mártir. Su cuerpo reposa en la Basílica romana de San Bartolomé de la Isla, santuario de los Nuevos Mártires del siglo XX. El Evangelio que hemos escuchado nos narra su encuentro con Jesús. Felipe, que ya conocía al joven profeta de Nazaret, le explica a Natanael la extraordinaria fuerza de este joven profeta. Natanael plantea objeciones con el prejuicio y el realismo de quien ya no espera nada bueno de la vida: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Felipe no intenta aclarar o resolver la duda de Natanael, sino que lo invita a conocer a Jesús. La fe no es fruto de razonamientos sino de conocer personalmente a Jesús. Y mientras Natanael se acerca, oye que Jesús dice palabras buenas sobre él. Y aquel joven profeta de Nazaret le hace comprender que ya lo amaba, incluso antes de conocerle: «Te vi cuando estabas debajo de la higuera, antes de que Felipe te llamara». Jesús ilumina el corazón de aquel hombre justo, pero solo, que siente que el Señor le conoce profundamente y dice: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios». Y Jesús, ante esta confesión de fe, le promete que verá cosas mucho mayores. Los ángeles que «suben y bajan sobre el Hijo del hombre», el antiguo sueño de Jacob (Gn 28,12), son el sueño de Jesús para sus discípulos, y recuerdan a Natanael-Bartolomé y a los discípulos de todos los tiempos que el sueño de Dios para la humanidad no ha terminado. Cada vez que dejamos que la palabra del Evangelio toque nuestro corazón vuelven a abrirse los cielos sobre este mundo.