Oración por la Paz

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Recuerdo del beato Giuseppe Puglisi, sacerdote de la Iglesia de Palermo, asesinado por la mafia en 1993.
En la Basílica de Santa María de Trastevere se reza por la paz.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 4,20-25

Por el contrario, ante la promesa divina, no cedió a la duda con incredulidad; más bien, fortalecido en su fe, dio gloria a Dios, con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido. Por eso le fue reputado como justicia. Y la Escritura no dice solamente por él que le fue reputado, sino también por nosotros, a quienes ha de ser imputada la fe, a nosotros que creemos en Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús Señor nuestro, quien fue entregado por nuestros pecados, y fue resucitado para nuestra justificación.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El apóstol escribe a los romanos que la historia de Abrahán nos habla también directamente a nosotros, los cristianos, "que creemos en Aquel que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor" (v. 24). En un comentario hebreo de la Escritura leemos: "Todo cuanto se escribió sobre Abrahán se repite en la historia de sus hijos". Pablo escribe a los romanos que el Señor se manifestó a Abrahán y lo hizo justo por su fe. El apóstol aclara que con su muerte en la cruz Jesús cargó con todos los pecados del mundo y con su resurrección nos justificó: él "fue entregado por nuestros pecados, pero resucitado para nuestra justificación" (v. 25). De ese modo el apóstol interpreta la fe de Abrahán y la asocia al misterio mismo de Jesús que muere y que resucita. El Dios de Abrahán se manifiesta en su plenitud en Cristo Jesús. Por eso la historia de Abrahán es emblemática para todos los creyentes y en particular para los cristianos, porque muestra la radicalidad de la fe. Por la fe también nosotros nos unimos a Dios, precisamente como hizo el primero de los patriarcas, que creyó "esperando contra toda esperanza". Aquella fe, que es también la nuestra, nos pide que confiemos totalmente en el Hijo de Dios y en su misterio de salvación. La confianza del cristiano es como la de Abrahán. Por eso la fe no es principalmente una obra que debamos llevar a cabo, sino que es sobre todo y ante todo darse a uno mismo a Dios, que nos llama, es abandonarse a la voluntad de Dios y a su plan de amor, del que nos hace partícipes. Con la llegada de Jesús y con su muerte y resurrección se ha revelado plenamente el misterio de la fe y de la salvación. Abrahán, prototipo del cristiano, es el "padre de todos los creyentes".