Memoria de los pobres

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Sabiduría 1,1-7

Amad la justicia, los que juzgáis la tierra,
pensad rectamente del Señor
y con sencillez de corazón buscadle. Porque se deja hallar de los que no le tientan,
se manifesta a los que no desconfían de él. Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios
y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.
En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría,
no habita en cuerpo sometido al pecado; pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño,
se aleja de los pensamientos necios
y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad. La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre,
pero no deja sin castigo los labios del blasfemo;
que Dios es testigo de sus riñones,
observador veraz de su corazón
y oye cuanto dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra
y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento
de toda palabra.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El libro de la Sabiduría empieza con una exhortación que es como la clave de bóveda de todo el pasaje: "Amad la justicia, los que gobernáis el mundo" (v. 1). El autor, un hombre lleno de fe en el "Dios de los padres", que probablemente vive en Alejandría, fundamenta esta invitación en el mismo Dios. Pero aquel que ama la justicia se pone en el mismo plano de actuación que Dios, que es justicia Él mismo y que la practica en su relación con los hombres. La búsqueda de la justicia, pues, es la tarea que el libro de la Sabiduría confía a sus lectores. Solo buscando la justicia, como hace Dios, podemos comprender la complejidad de la historia y no somos arrastrados por el mal. Una vida según la justicia deja abierta la puerta a la sabiduría divina, aquella palabra que guía los pensamientos y las acciones, enseñando el camino del bien. Sabiduría y Espíritu del Señor están íntimamente relacionados. En el Nuevo Testamento eso se verá más claro con el don del Espíritu Santo, Sabiduría de Dios que recibe la vida de los hombres. La expresión que indica la condescendencia divina y su unión con los hombres tiene un pleno sentido espiritual y humano: "La sabiduría es un espíritu filántropo" (v. 6). Dios intenta por todos los modos llegar a nosotros con su palabra y su amor, escruta nuestro corazón para ayudarnos a recorrer el camino del bien, para que, preservando la lengua de las murmuraciones y de las maledicencias, podamos amar la vida y hacer el bien.