Memoria de la Iglesia

Compartir En

Recuerdo de Nuestra Señora de Guadalupe, en México. Recuerdo de Filomena, anciana de Trastevere, en Roma, que murió en una residencia en 1976. Junto a ella recordamos a todos los ancianos, en especial a los que están solos y viven en asilos.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Isaías 41,13-20

Porque yo, Yahveh tu Dios,
te tengo asido por la diestra.
Soy yo quien te digo: "No temas,
yo te ayudo." No temas, gusano de Jacob,
gente de Israel:
yo te ayudo - oráculo de Yahveh -
y tu redentor es el Santo de Israel. He aquí que te he convertido en trillo nuevo,
de dientes dobles.
Triturarás los montes y los desmenuzarás,
y los cerros convertirás en tamo. Los beldarás, y el viento se los llevará,
y una ráfaga los dispersará.
Y tú te regocijarás en Yahveh,
en el Santo de Israel te gloriarás. Los humildes y los pobres buscan agua,
pero no hay nada.
La lengua se les secó de sed.
Yo, Yahveh, les responderé,
Yo, Dios de Israel, no los desampararé. Abriré sobre los calveros arroyos
y en medio de las barrancas manantiales.
Convertiré el desierto en lagunas
y la tierra árida en hontanar de aguas. Pondré en el desierto cedros,
acacias, arrayanes y olivares.
Pondré en la estepa el enebro,
el olmo y el ciprés a una, de modo que todos vean y sepan,
adviertan y consideren
que la mano de Yahveh ha hecho eso,
el Santo de Israel lo ha creado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Es fácil, sobre todo en los momentos de dificultad, olvidar el amor y la misericordia del Señor y dejarse dominar por el miedo y el desánimo. En un tiempo de globalización, el miedo parece haberse enraizado y dilatado: el mundo nos parece demasiado grande, desmesurado. Es más difícil comprenderlo y gobernarlo. Y al miedo se añade la rabia. No es bello vivir en un tiempo y en un mundo donde el miedo y la rabia se sostienen recíprocamente creando un clima de malestar y de conflicto. La palabra del profeta nos llama a tomar conciencia de la presencia de Dios en este mundo sin fronteras: "No temas, yo te ayudo". La invitación se repite varias veces en esta breve página de Isaías, como queriendo forzar la puerta del miedo que no nos deja ver el amor que nos acompaña. ¡Cuántas veces, también en los Evangelios, Jesús repite a los discípulos que confíen en él y no tengan miedo! El Señor es el sostén de su pueblo, el descanso para los pobres, el liberador de los prisioneros. Y si es verdad que "los humildes y los pobres buscan agua, pero no hay nada. La lengua se les secó de sed", es aún más verdadero que el Señor viene pronto en su ayuda. El profeta habla del nuevo éxodo del pueblo de Israel del exilio de Babilonia: será una liberación todavía más profunda que la primera, cuando les hizo salir de Egipto. De hecho, si durante el camino en el desierto después de aquella primera liberación el pueblo de Israel fue calmado de su sed con agua que salió de una roca, ahora el Señor transformará todo el desierto "en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas". Es el amor del Señor el que cumple prodigios cada vez mayores para su pueblo. Un amor que llega a su culmen con Jesús, quien no solo ha bajado del cielo para estar junto a nosotros, sino que incluso ha dado su vida para salvarnos del pecado y de la muerte. A nosotros se nos pide -como escribe el profeta- "ver y considerar" ese amor, y dejarnos tocar el corazón.