Liturgia del domingo

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XV del tiempo ordinario
Para los musulmanes es la fiesta del sacrificio (Aid al-Adha).


Primera Lectura

Deuteronomio 30,10-14

si tú escuchas la voz de Yahveh tu Dios guardando sus mandamientos y sus preceptos, lo que está escrito en el libro de esta Ley, si te conviertes a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir: "¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?" Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir: "¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?" Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica.

Salmo responsorial

Salmo 18 (19)

Los cielos cuentan la gloria de Dios,
la obra de sus manos anuncia el firmamento;

el día al día comunica el mensaje,
y la noche a la noche trasmite la noticia.

No es un mensaje, no hay palabras,
ni su voz se puede oír;

mas por toda la tierra se adivinan los rasgos,
y sus giros hasta el confín del mundo.
En el mar levantó para el sol una tienda,

y él, como un esposo que sale de su tálamo,
se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

A un extremo del cielo es su salida,
y su órbita llega al otro extremo,
sin que haya nada que a su ardor escape.

La ley de Yahveh es perfecta,
consolación del alma,
el dictamen de Yahveh, veraz,
sabiduría del sencillo.

Los preceptos de Yahveh son rectos,
gozo del corazón;
claro el mandamiento de Yahveh,
luz de los ojos.

El temor de Yahveh es puro,
por siempre estable;
verdad, los juicios de Yahveh,
justos todos ellos,

apetecibles más que el oro,
más que el oro más fino;
sus palabras más dulces que la miel,
más que el jugo de panales.

Por eso tu servidor se empapa en ellos,
gran ganancia es guardarlos.

Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros?
De las faltas ocultas límpiame.

Guarda también a tu siervo del orgullo,
no tenga dominio sobre mí.
Entonces seré irreprochable,
de delito grave exento.

¡Sean gratas las palabras de mi boca,
y el susurro de mi corazón,
sin tregua ante ti, Yahveh,
roca mía, mi redentor.

Segunda Lectura

Colosenses 1,15-20

El es Imagen de Dios invisible,
Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas,
en los cielos y en la tierra,
las visibles y las invisibles,
los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las
Potestades:
todo fue creado por él y para él, él existe con anterioridad a todo,
y todo tiene en él su consistencia. El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia:
El es el Principio,
el Primogénito de entre los muertos,
para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud, y reconciliar por él y para él todas las cosas,
pacificando, mediante la sangre de su cruz,
lo que hay en la tierra y en los cielos.

Lectura del Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 10,25-37

Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?» El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?» Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.» Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.» Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?» Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Homilía

El legista hace una pregunta sobre el sentido de la vida y de la salvación: "Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?". Jesús, como hace en muchas otras ocasiones, contesta remitiéndose a las Sagradas Escrituras. En este caso, toca el mismo corazón de la Ley: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo". Aquel legista quería defenderse de esta respuesta. Y pregunta: "Y ¿quién es mi prójimo?". Seguramente quería poner límites a un amor que no los preveía.
La parábola del "buen samaritano" es un paradigma para recorrer todos los caminos de la vida y del mundo. Jesús afirma que el primer lugar lo deben ocupar los pobres, los "medio muertos" que encontramos cada día. El camino que baja desde Jerusalén hasta Jericó representa todos los caminos del mundo en los que se ha globalizado la violencia, donde muchos se quedan solos, caen heridos y son abandonados a su suerte. Por desgracia es elevado no solo el número de los medio muertos, sino también el número de quienes los ven y miran hacia otro lado, como aquel sacerdote y aquel levita. Jesús presenta a un sacerdote y a un levita -y no gente cualquiera- como ejemplos de dureza ante aquel hombre medio muerto para destacar un escándalo inaceptable: separar el amor a Dios del amor por los pobres.
Junto al hombre medio muerto se para un samaritano, un infiel, un idólatra. Pero él, a diferencia del sacerdote y del levita, en cuanto ve al hombre medio muerto tiene compasión de él (el término griego, splanchnizomai, significa "ser tocado hasta las vísceras"). Es el mismo término que el evangelista utiliza para describir la compasión que sentía Jesús por las muchedumbres vejadas y abatidas. Aquel samaritano, pues, baja de su cabalgadura, se acerca a aquel hombre medio muerto, le brinda los primeros cuidados y lo lleva hasta la posada más cercana. Muchas generaciones cristianas han visto en aquel samaritano al mismo Jesús que nos cuida a todos nosotros y paga personalmente nuestra salvación. Jesús es el buen samaritano. Él nos da no solo el ejemplo, sino incluso su misma compasión para que también nosotros podamos ser como aquel samaritano por los caminos de este mundo. Es lo que ha vivido la Iglesia a lo largo de los siglos, es lo que vive toda comunidad que es fiel al Evangelio. Jesús nos enseña a pararnos junto a los pobres y a sentir compasión por ellos. Y el hostal describe bien la comunidad de creyentes que se convierte en una verdadera casa donde los discípulos, como aquel posadero, cuidan a los pobres. A cada uno de nosotros se nos pide lo mismo que le pidieron a aquel posadero: "Cuida de él". Y aquellos dos denarios son su compasión, que él nos da. Para ayudar y cuidar hace falta poca compasión, como pocos son dos denarios. El texto añade: "Si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva". Refleja la sobreabundancia de amor para los pobres. Cuando termina la parábola Jesús le devuelve al legista la pregunta que le había planteado este: "¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?". El legista no puede más que contestar: "El que practicó la misericordia con él". Y Jesús: "Vete y haz tú lo mismo". El Señor nos pide a los creyentes que seamos prójimos de los pobres, es decir, que estemos "más cerca" de los pobres, porque junto a ellos encontraremos la vida eterna.