LA FUERZA DÉBIL DE LA ORACIÓN

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Nada es posible sin la oración, todo es posible con la oración hecha con fe. Los habitantes de Nazaret, con su incredulidad, impidieron que el Señor que obrara milagros (Lc 4,23); e incluso los discípulos, cuando no rezaban y no ayunaban, no conseguían realizar curaciones (Mt 17,19). La oración supera la impotencia de los hombres; va más allá de lo que se cree imposible, y le permite a Dios intervenir en este mundo con su potencia.
Santiago escribe en su Carta: "no tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones"(4,3). La Comunidad, mientras cuida de los pobres y de los débiles, aprende de ellos a dirigirse a Dios, con la misma confianza e insistencia. Y cada uno se descubre mendicante de amor y de paz; y entonces con mayor conciencia puede tender su mano hacia el Señor. Y el Señor, Padre bueno y amigo de los hombres, responderá con inesperada generosidad.

La oración se muestra débil ante los ojos de los hombres. En realidad, es fuerte si está llena de confianza en el Señor, y puede hacer caer muros y colmar abismos, desarraigar la violencia y hacer crecer la misericordia. La oración comunitaria es realmente santa y bendita; es necesaria para la vida de cada discípulo y para la vida de la Comunidad, pero también es necesaria para la misma vida del mundo. Está escrito: "Si dos de vosotros se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18,19). Por este motivo los discípulos deben perseverar en la oración comunitaria y juntos deben ser audaces. La oración, en efecto, es un arma fuerte en las manos de los creyentes: destruye el mal y acrecienta el amor.
En la oración con Sant'Egidio también se recogen las oraciones de las personas cercanas y de las que se encuentran lejos, las de los pobres y los débiles, las de los hermanos y las de las hermanas, como si formasen una catedral "virtual", pero verdadera, que reúne a todos en una única invocación a Dios. En la oración comunitaria podemos hacer nuestras las palabras del apóstol Pedro: "Acercándonos a Jesús, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida preciosa ante Dios, también nosotros, cual piedras vivas, entramos en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por mediación de Jesucristo" (1 P 2, 4-5).