EL MILAGRO DE LA NAVIDAD

Comida de Navidad

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¿Dónde se hace la fiesta?



En cualquier lugar, y sobre todo allí donde hay dolor. En las iglesias, en las casas, en residencias para ancianos, para niños, para discapacitados, en las cárceles, en los hospitales, e incluso por la calle. Porque el sentido es precisamente llevar la fiesta a los rincones más oscuros, más fríos, más perdidos y olvidados. 

La fiesta llega a todas partes. Podemos –de hecho, queremos– hacer fiesta en los lugares tristes de dolor que hay en el mundo. Por eso la Comunidad quiere celebrar la Navidad en la calle, en la cárcel, en las residencias, en los lugares donde vive mucha gente sola: niños, ancianos, enfermos, en los hospitales o en los leprosarios, donde al menos durante un día se puede olvidar el peso de la enfermedad y de la soledad.

Es lo que vivimos en las numerosas cenas por la calle la noche de Navidad con los que no tienen casa. En las ciudades frías del norte, desde Moscú hasta Barcelona, donde entre luces y rótulos luminosos, muchos pobres se quedan solos, o en las ciudades pobres del sur del mundo. 

También allí la comida, un pequeño regalo, un pesebre, el árbol de Navidad, la música, pero sobre todo la amistad, la alegría, la atención por todos, son los “ingredientes” de una fiesta hermosa porque está llena de amor para con quien sufre.



El milagro de la Navidad 



La Navidad es como un milagro, el milagro de los rostros sonrientes de muchas personas oprimidas por el esfuerzo de la vida, el milagro de mucha gente que se descubre útil, gente a la que no le falta nada pero ha perdido el sentido profundo de la fiesta. Y también es el milagro de recursos que parecen no existir pero que, en cambio, se ponen en circulación con la participación alrededor de la Navidad de todo aquel que quiera hacer algo, aunque sea solo un pequeño gesto por los demás, al menos una vez al año.



Es un milagro por el que vale la pena ir a llamar a todas las puertas para recoger lo que hace falta para la fiesta: tiendas, colegas, amigos o gente por la calle. De ese modo cada año reunimos todo lo que hace falta para preparar esta grandísima mesa en el mundo.



Pero el milagro es también el hecho de que creyentes de todas las religiones encuentre un lugar en esta fiesta: servir y ser servido en un movimiento de corazones que creen en la salvación del mundo a través de la fe, la paz y la concordia entre los hombres.