Vigilia del domingo

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Vigilia de Pentecostés
Festividad de san Carlos Lwanga, que junto a doce compañeros sufrió el martirio en Uganda (+1886).


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 21,20-25

Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: « No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.» Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hoy termina la lectura seguida del Evangelio de Juan que nos ha acompañado en este tiempo de Pascua. Y es la página final del cuarto evangelio. El evangelista acaba de indicar que Pedro vuelve a seguir a Jesús a orillas del lago de Tiberíades. Es un nuevo inicio para él. Y se basa en un amor más consciente y sólido. Pedro ha experimentado la amargura de la traición y la ambigüedad del orgullo. Ahora comprende mejor el amor que Jesús siente por él. Aunque lo haya traicionado, Jesús lo readmite ente los que le siguen, pero esta vez añade que en su futuro encontrará asperezas y dificultades. Esta vez Pedro no plantea dificultades, no se echa atrás y tampoco se deja llevar por un insensato orgullo. Solo mira atrás y ve a Juan. Entonces le pregunta a Jesús –quizás por instinto de compañía o de curiosidad– si a Juan le sucederá lo mismo. Jesús no contesta directamente a la pregunta de Pedro y le dice que lo importante es seguirle. Solo siguiendo el Evangelio nace en nosotros la verdadera preocupación por los demás. ¡Cuántas veces nos dejamos llevar por la curiosidad y por la envidia y dejamos de lado la verdadera preocupación por los demás que requiere amor y gran compasión! Solo estando al lado de Jesús y alimentándonos de su palabra podemos crecer en el amor apasionado por los demás. El mismo Juan quizás corrigió el rumor que se había difundido de que no había muerto. Y luego añade un nuevo epílogo a su Evangelio: «Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran». Podríamos comentar estas últimas palabras diciendo que el Evangelio espera que nosotros lo escribamos con nuestra vida y nuestro testimonio de amor. Sí, también a nosotros, como a Pedro, Jesús nos repite: «tú, sígueme».