Vigilia del domingo

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Recuerdo de san Ambrosio († 397), obispo de Milán. Pastor de su pueblo, defensor de los pobres y de los débiles contra toda explotación, se mantuvo fuerte defendiendo la Iglesia ante la arrogancia del emperador.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Isaías 30,19-21.23-26

Sí, pueblo de Sión que habitas en Jerusalén,
no llorarás ya más;
de cierto tendrá piedad de ti,
cuando oiga tu clamor;
en cuanto lo oyere, te responderá. Os dará el Señor pan de asedio y aguas de opresión,
y después no será ya ocultado el que te enseña;
con tus ojos verás al que te enseña, y con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras:
"Ese es el camino, id por él",
ya sea a la derecha, ya a la izquierda. El dará lluvia a tu sementera con que hayas sembrado el suelo,
y la tierra te producirá pan que será pingüe y
sustancioso.
Pacerán tus ganados aquel día en pastizal dilatado; los bueyes y asnos que trabajan el suelo comerán forraje salado,
cribado con bieldo y con criba. Habrá sobre todo monte alto y sobre todo cerro elevado
manantiales que den aguas perennes, el día de la gran
matanza,
cuando caigan las fortalezas. Será la luz de la luna como la luz del sol meridiano,
y la luz del sol meridiano será siete veces mayor
- con luz de siete días -
el día que vende Yahveh la herida de su pueblo
y cure la contusión de su golpe.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

En la historia con frecuencia hay tiempos difíciles, aquellos en los que los hombres se alían para fomentar conflictos y guerras. Sin embargo, el profeta es aquel que en el corazón de las tribulaciones y de las aflicciones de la historia sabe ver e indicar la presencia consoladora del Señor. Por esto suscita en el pueblo la fuerza de la oración: "de cierto tendrá piedad de ti, cuando oiga tu clamor; en cuanto lo oyere, te responderá". En la oración el Señor se convierte en un Maestro que indica el camino que hay que recorrer en los periodos en que se vive desorientados, sin saber qué camino recorrer. Entonces se necesita abrir el corazón a la escucha de esta palabra: "con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras: "Ese es el camino, id por él; ya sea a la derecha, ya a la izquierda"". Hay una palabra y una voz que viene de detrás de nosotros, es decir, que viene de nuestra historia, de nuestro pasado, pero nos invita a mirar al futuro, a no permanecer parados o resignados, a no mirar atrás. El profeta nos recuerda que el Señor que ha creado el mundo y que conduce la historia no dejará que falten los frutos a la tierra y se hará cargo de las heridas de su pueblo. El Señor, que conoce la fatiga de nuestra vida, los miedos y el extravío ante el mal y la violencia, viene en medio de nosotros como el buen Samaritano de la historia, y también por nuestra oración se conmueve por este mundo nuestro herido y viene en su auxilio, para curarlo.