Oración de la Vigilia

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Quien vive y cree en mí
no morirá jamas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 9,43b-45

«Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres.» Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Si tú crees, verás la gloria de Dios,
dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

"Escuchad atentamente estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres." Esta vez no hace ninguna alusión a la resurrección. Ser "entregado en manos de los hombres", en el lenguaje bíblico, significa la suerte dolorosa y cruel de una persona abandonada por Dios y que queda precisamente a merced del poder de los hombres. Pero a pesar de tanta claridad los discípulos no comprenden. Además, muchas veces también nosotros, como los discípulos de entonces, estamos alejados de los pensamientos de Jesús, de sus preocupaciones y sobre todo de la idea que tenía de sí mismo y de su misión. Y no se trata de una simple incomprensión por parte de los discípulos, sino del peligro de volvernos duros cuando rechazamos la realidad de la debilidad y del sufrimiento. Lo dirá bien el apóstol Pablo a los cristianos de Corinto: "Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios" (1Co 1,23-24). El camino de la cruz sigue siendo un escándalo para nosotros, para la cultura individualista tan difundida en el mundo. Y aun así, la salvación nace de la cruz, el rescate de los hombres de la esclavitud del pecado viene de un amor sin límites, como el de Jesús. Lucas destaca que los discípulos continúan sin entender las palabras de Jesús y se quedan en silencio, sin pedir más explicaciones. Es una actitud de desconfianza hacia Jesús y de confianza en su ignorancia. Y prefieren permanecer en la oscuridad. Debemos seguir dejando que la Palabra de Dios nos guíe y nos instruya cada día. Escuchando encontraremos la sabiduría del Evangelio.