Memoria de la Madre del Señor

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 16,5-11

Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado,
y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde vas?" Sino que por haberos dicho esto
vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad:
Os conviene que yo me vaya;
porque si no me voy,
no vendrá a vosotros el Paráclito;
pero si me voy,
os lo enviaré: y cuando él venga,
convencerá al mundo
en lo referente al pecado,
en lo referente a la justicia
y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado,
porque no creen en mí; en lo referente a la justicia
porque me voy al Padre,
y ya no me veréis; en lo referente al juicio,
porque el Príncipe de este mundo está juzgado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

En esta página del Evangelio Jesús anuncia una vez más su partida. Se lo acababa de decir a los discípulos, pero si antes eran Pedro, Tomás y Judas Tadeo los que le hacían preguntas al Maestro, ahora ya nadie se atreve a preguntarle a dónde va. La tristeza ha invadido su corazón. Además, ¿cómo podían no entristecerse ante esta insistencia de Jesús en su partida? El Señor los ve entristecerse, y con amor les dice: "Por haberos dicho esto -continúa Jesús- vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré". Jesús no abandona a sus discípulos a su destino; enviará el Espíritu Santo para que los sostenga, los consuele, los conforte, los custodie y los ilumine. Comienza un nuevo tiempo para los discípulos y para todos los que creerán a partir de su predicación. El Espíritu dará vida y hará eficaces las palabras evangélicas que les dirigió durante los tres años que estuvieron con él. Podrán contar con la ayuda fuerte del Espíritu incluso en los momentos difíciles que deberán afrontar; él les ayudará a superar toda prueba. Las palabras de Jesús pueden parecer oscuras o duras a los discípulos, como muchas veces nos sucede a nosotros ante la Palabra de Dios. Hay que escucharla iluminados por el Espíritu para acoger su sentido profundo y dejarse tocar el corazón. El amor y la confianza permiten que las palabras escuchadas moldeen nuestra vida, y que liberen su fuerza transformadora. Es el descubrimiento que hacemos cada vez que nos acercamos al Evangelio con disponibilidad, sin esconder la necesidad que tenemos de ser guiados y corregidos por una palabra llena de cariño.