Memoria de la Madre del Señor

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Salmo 14 (15), 2-5

2 El de conducta íntegra
  que actúa con rectitud,
  que es sincero cuando piensa

3 y no calumnia con su lengua;
  que no daña a conocidos
  ni agravia a su vecino;

4 que mira con desprecio al impío
  y honra a los que temen al Señor;
  que jura en su perjuicio
  y no retracta;

5 que no presta a usura su dinero
  ni acepta soborno contra el inocente.
  Quien obra así
  jamás vacilará.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Salmo 14 es una oración ligada a la peregrinación que todo judío hacía para ir a Jerusalén, «la ciudad situada en la cima de un monte». Al llegar a la ciudad santa, el peregrino va de inmediato al templo, la «tienda» del Señor, el lugar donde se producía el encuentro con Dios. En la puerta encuentra a un sacerdote que se dirige a él con las palabras del salmo: ¿quién puede entrar en la casa de Dios? Y a continuación llega la respuesta. El salmista presenta diez virtudes que convierten al hombre en creyente. Puede entrar en la tienda del Señor aquel que se comporta honestamente y actúa con justicia; aquel que es sincero y discreto en el hablar; aquel que no agravia al hermano y no injuria al prójimo; aquel que no va con los malvados y respeta a los honestos; aquel que mantiene su palabra incluso contra sus propios intereses; aquel que presta dinero sin interés; aquel que no acepta dinero para favorecer injustamente a otro. «Quien obra así –termina el salmo– jamás vacilará». El salmista muestra así cómo debe ser el hombre que busca al Señor. Y de ese modo se ve claramente que para buscar a Dios hay que tener una relación correcta con los hombres. Las palabras del salmista no tienen nada especialmente extraordinario o específicamente «religioso» (oración, penitencia o sacrificio). Buscar a Dios es algo que se hace en la ordinariedad de la historia humana amando a los hermanos con un corazón sincero y generoso empezando por los más pobres. El Nuevo Testamento recogerá este mensaje y lo llevará hasta el cumplimiento en el amor: dar la vida por los amigos, como repitió y mostró Jesús varias veces con su propia vida.