Memoria de la Madre del Señor

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Recuerdo de Nuestra Señora de Guadalupe, en México. Recuerdo de Filomena, anciana de Trastévere, en Roma, muerta en un asilo en 1976. Junto a ella recordamos a todos los ancianos, en especial a los que están solos y viven en asilos.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 18,12-14

¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las 99 no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús pronuncia estas palabras en un momento de polémica con los fariseos, que pretendían ser la guía del pueblo de Israel. Pero eran malos pastores. Su legalismo les llevaba a despreciar y a ser intolerantes con los débiles y los pecadores. Jesús se presenta como el buen pastor cuya primera tarea es la de ser misericordioso. Y narra la parábola de la oveja perdida: "¿Qué ocurre si una oveja se pierde?". La reacción espontánea del buen pastor es dejar todas las demás en el redil y ponerse a buscar la que se ha perdido hasta encontrarla. Jesús no entra en consideraciones acerca de la culpa de la oveja, solamente llama a la responsabilidad del pastor. El extravío de la oveja, incluso de una sola, no disminuye el cuidado del pastor hacia ella, es más, lo acrecienta. El evangelista añade que si la encuentra -desgraciadamente no siempre la búsqueda llega a buen término- "tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas". Jesús aclara que la voluntad del Padre es que ninguno se pierda. Es más, el Padre le ha enviado a la tierra precisamente para esto, para encontrar lo que se había perdido. ¡Qué diferencia frente al descuido que tenemos unos de otros! Contrariamente a nuestra indiferencia, el Señor cuida de cada uno a partir de los que se han extraviado. Podríamos decir que se hace mendigo de cada uno de nosotros. He aquí la calidad del amor que debe reinar en la vida de las comunidades cristianas; un amor que no conoce límites. Cada discípulo debe tener el mismo cuidado de Dios hacia cada hermano y hermana. De un amor como éste es de donde nace la alegría y la fiesta de la fraternidad. Escuchando este Evangelio no podemos no interrogarnos sobre la calidad del amor que tenemos entre nosotros y en nuestras comunidades cristianas. ¡Cuántos sufren o se alejan sin que nadie se haga cargo de ellos! Jesús, buen pastor, nos llama a la primacía del amor por los demás, sobre todo de los débiles y de quienes se dejan atropellar por el mal.