Oración por los enfermos

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En la Basílica de Santa María de Trastévere se reza por los enfermos.
Recuerdo de don Andrea Santoro, sacerdote romano asesinado en 2006 en Trebisonda, Turquía.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos 6,53-56

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida, recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba. Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús ha cruzado a la otra orilla alcanzando a los discípulos, arrastrados por las olas del lago de Galilea. Su presencia, como otras veces, calma el mar y el viento, como calma el corazón de cada uno de nosotros cuando está angustiado y prisionero de sí mismo. Apenas desembarcaron, dice el Evangelio que "le reconocieron enseguida", y se agolpaban entorno a él llevándole a sus enfermos para que los curase. Todos confiaban en él, en su fuerza de curación: a muchos les bastaba incluso con tocar sólo la orla de su manto para curarse. Y Jesús no se sustraía a las demandas de la gente, no rechazaba a nadie. Es un estilo que interroga a cada uno de nosotros y a nuestras comunidades. ¿No deberíamos ser nosotros como la orla del manto del Señor, que los pobres y los enfermos pueden alcanzar y tocar con sus manos? Es necesario que los débiles y los pobres puedan "tocar" fácilmente el "cuerpo de Cristo", que es precisamente la comunidad de los discípulos, y ser sanados y curados. Es más, una Iglesia sin pobres que acuden para ser ayudados, y sin enfermos que reciben consolación, está poco en consonancia con el Evangelio. Surge espontánea la pregunta sobre cómo gastamos la fuerza de curación y de salvación que el Señor ha puesto en nuestras manos. ¿No corremos el riesgo de ser unos avaros queriendo conservar lo que hemos recibido y deberíamos distribuir con generosidad a tantos que esperan curación y salvación? Es cierto que en este tiempo muchos llaman a las puertas de la Iglesia, de la comunidad cristiana, y es urgente responder. Pero es también necesario salir, ir al encuentro de muchos que esperan. Es necesario que el talento de amor que el Señor nos ha donado no lo dejemos enterrado bajo la tierra de nuestro egocentrismo avaro, sino que sepamos negociar con él, multiplicarlo, precisamente porque ha crecido la necesidad y la demanda de ayuda y de salvación. El papa Francisco invita a "tocar las llagas de Jesús tocando las de los pobres". A veces tenemos demasiado miedo, dominados por un falso respeto que nos hace más duros, fríos, expeditivos, de forma que son raros los gestos de ternura, de amistad. Ciertamente hay una necesidad increíble de ternura, de compañía, de escucha, de acompañamiento. Dejemos que los demás invadan nuestro territorio, que traspasen nuestras fronteras, que ocupen incluso nuestro tiempo, para que a través nuestro puedan encontrar la fuerza del amor de Jesús, que cura y salva.