Memoria de Jesús crucificado

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Recuerdo de Onésimo, esclavo de Filemón y hermano en la fe del apóstol Pablo.


Lectura de la Palabra de Dios

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Mateo 9,14-15

Entonces se le acercan los discípulos de Juan y le dicen: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «Pueden acaso los invitados a la boda ponerse tristes mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán.

 

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Gloria a ti, oh Señor, sea gloria a ti

Mientras damos los primeros pasos del camino cuaresmal, la Palabra de Dios nos recuerda que el verdadero camino es interior, el camino del corazón: es el progreso en el amor, en la amistad, en la generosidad. El Evangelio no nos pide simplemente hacer algunas cosas más, aunque sean buenas. Lo que en realidad se nos pide es un cambio más profundo. El ayuno que el Señor quiere es el del propio egoísmo, salir de la concentración sobre uno mismo y los propios problemas para dirigir el corazón hacia Él, y para hacer crecer el amor y la atención hacia los más pobres y débiles. El Evangelio de Mateo nos habla del ayuno y nos explica su sentido profundo. Los discípulos de Juan, que llevaban una vida más austera que la de los seguidores de Jesús, preguntan el porqué de aquella alegría suya. En efecto, la mera presencia de Jesús entre la gente creaba un clima de fiesta, de esperanza, en definitiva, de extraordinaria alegría, y los discípulos estaban verdaderamente contentos de estar con él y de compartir su vida, gastada en estar con la gente y ayudarla. El seguimiento de Jesús no es un camino triste basado en las privaciones y la penitencia. Podríamos decir que es exactamente lo contrario. Los discípulos de Juan lo veían y se escandalizaban. Jesús aclara que estar con él es como estar en la fiesta que se hace en las bodas al llegar el novio. Sí, los pobres lo habían comprendido: había llegado a ellos aquel que liberaba del abandono y la desesperación. Jesús advierte sin embargo que la llegada del Reino de Dios -el reino del amor y la paz- conlleva inevitablemente la lucha contra el mal, y que, como sucede en toda batalla, no faltarán momentos difíciles. Surgirán opositores que tratarán por todos los medios (incluso ilícitos y violentos) de abatir a los discípulos que anuncian el Evangelio. En cualquier caso es necesario vestirse de fiesta y beber el vino de la misericordia: esto hará fuertes y seguros a los discípulos, incluso cuando deban afrontar momentos difíciles y de sufrimiento. Dietrich Bonhoeffer decía que el Evangelio hace a los discípulos no sólo buenos sino también fuertes.