Memoria de la Madre del Señor

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Recuerdo de María virgen, venerada como Nuestra Señora de Luján en Argentina.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Juan 16,5-11

Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado,
y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Dónde vas?" Sino que por haberos dicho esto
vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad:
Os conviene que yo me vaya;
porque si no me voy,
no vendrá a vosotros el Paráclito;
pero si me voy,
os lo enviaré: y cuando él venga,
convencerá al mundo
en lo referente al pecado,
en lo referente a la justicia
y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado,
porque no creen en mí; en lo referente a la justicia
porque me voy al Padre,
y ya no me veréis; en lo referente al juicio,
porque el Príncipe de este mundo está juzgado.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor ha hablado a los discípulos del odio del mundo y de las persecuciones que habrían tenido que padecer: "Por haberos dicho esto, continúa Jesús, vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré". San Agustín comenta así este pasaje del discurso de Jesús haciéndole decir: "Os conviene que esta forma de esclavo os sea quitada. Palabra hecha carne, habito ciertamente entre vosotros; pero no quiero que me queráis aún carnalmente ni que, contentos con esa leche, ansiéis ser siempre bebés. Si no hubiere retirado los alimentos tiernos con que os he alimentado, no hambrearéis el alimento sólido; si os hubiereis adherido carnalmente a la carne, no seréis capaces del Espíritu". Para Jesús es hora de inaugurar el tiempo de la fe. Hay que evitar la tentación de pensar que este tiempo es más pobre que los tiempos de los apóstoles. Jesús no abandona a los discípulos a su suerte. El Espíritu Santo derramado en sus corazones comienza el tiempo de la Iglesia. El Espíritu es el que sostiene a los discípulos, el que les consuela, les anima, les cuida, les ilumina y les hace capaces de comunicar el Evangelio del amor para transformar el mundo y el Espíritu les ayudará en los momentos difíciles que tendrán que afrontar. El Espíritu "convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio". El evangelista imagina como una gran asamblea donde se revela, se desenmascara, el mal que actúa en el mundo para destruirlo. Es la tarea que los discípulos deben llevar a cabo dejándose guiar por el Espíritu. Hay necesidad de gastar los ojos estudiando detenidamente las Sagradas Escrituras con ayuda del Espíritu para poder identificar el mal que actúa en el mundo y derrotarlo con el amor. Es la tarea seria y fascinante que los cristianos tienen aún hoy de ser profetas que desenmascaran el mal y que indican el camino del bien ante todo con su ejemplo.