Memoria de los santos y de los profetas

Compartir En


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes son una estirpe elegida,
un sacerdocio real, nación santa,
pueblo adquirido por Dios
para proclamar sus maravillas.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos 9,38-40

Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.» Pero Jesús dijo: «No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ustedes serán santos
porque yo soy santo, dice el Señor.

Aleluya, aleluya, aleluya.

El apóstol Juan se acerca a Jesús y le dice que ellos, al ver a un exorcista que curaba usando su nombre, se lo han impedido, pero Jesús rebate: "No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí". Jesús se muestra como un maestro abierto y preparado para acoger el bien venga de donde venga; no solo no se cierra en el interior del grupo de los discípulos escogidos por él, sino que exige que los suyos no sigan un espíritu sectario. Todo el que hace el bien es aceptado por Dios, porque Dios está en el origen de todas las cosas buenas y justas. Las palabras que dice a los discípulos: "El que no está contra nosotros, está por nosotros", son una reserva de sabiduría y una gran ayuda para que cada discípulo abra su corazón a los demás como lo abría el Señor. Esta página del evangelio parece especialmente actual en nuestro mundo mientras se asiste al resurgimiento de muros y de barreras de todo tipo que enfrentan a un grupo contra el otro, a un pueblo contra el otro. El Evangelio nos ayuda a entender y a reconocer cuántas cosas buenas y hermosas hay en el mundo y en el corazón de los hombres; y los discípulos deben apreciarlas. Todo el que actúa con caridad es recibido por el Señor, como se afirma también en el pasaje del Evangelio de Mateo 25 a propósito del juicio universal. Jesús vincula la salvación incluso solo al ofrecimiento de un vaso de agua a quien tiene sed. Es para decir que la caridad es el camino de la salvación para todos, incluso para quienes no creen. El apóstol Pablo sigue la misma línea cuando escribe: "¿Y qué?... Cristo es anunciado, y esto me alegra" (Flp 1,18). Esta apertura y esta disponibilidad no significan en absoluto malvender el cristianismo y aprobar una actitud de indiferencia. La Palabra de Dios es exigente con todos y pide a todos la conversión, pero es también profundamente comprensiva del bien que puede brotar de cada hombre.