Memoria de la Madre del Señor

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Recuerdo de san Bonifacio, obispo y mártir. Anunció el Evangelio en Alemania y fue asesinado mientras celebraba la Eucaristía (+ 754)


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos 12,13-17

Y envían donde él algunos fariseos y herodianos, para cazarle en alguna palabra. Vienen y le dicen: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?» Mas él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea.» Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?» Ellos le dijeron: «Del César.» Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.» Y se maravillaban de él.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos nos presenta ahora a los fariseos y a los herodianos, que le plantean a Jesús la cuestión del tributo al César. Su falsedad es manifiesta desde el inicio. Adulan a Jesús para tenderle una trampa. Pero no se puede entrar en el Evangelio con ardides. Ante la disyuntiva que le plantean para hacerle caer en la trampa, Jesús cambia de plano, pide que le traigan una moneda y responde con una pregunta: «¿De quién son esta imagen y la inscripción?». Tras escuchar la respuesta, Jesús replica: «Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios». Al César hay que devolverle su moneda. Y a Dios hay que devolverle todo lo que es de Dios. Jesús pide una decisión sobre esta cuestión: dar a Dios lo que es de Dios. ¿Y qué es de Dios, sino el hombre? En el hombre, efectivamente, está grabada su imagen. El hombre, todo hombre, incluso el más pequeño e indefenso, pertenece a Dios y a Dios debe volver. Dios tiene la primacía absoluta sobre la vida del hombre, y esa primacía hay que defenderla por encima de todo, del mismo modo que se debe respeto a la sociedad civil y a sus leyes. Esta página evangélica debe ayudar a promover el respeto y la tolerancia, sin perder de vista que nadie puede herir ni humillar la vida del hombre. Solo Dios es Padre y Señor de todos. Los cristianos, pues, están llamados a obedecer las leyes y a colaborar de manera sincera con las autoridades legítimas. Pero la invitación de Jesús de dar a Dios lo que le corresponde nos recuerda también nuestra responsabilidad de testimoniar el Evangelio y de vivir las enseñanzas de la Iglesia con libertad y conciencia para que la vida de los hombres y las mujeres sea defendida y protegida en nuestras sociedades y en el mundo.