Memoria de la Iglesia

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Fiesta de los santos Joaquín y Ana, progenitores del Señor. Recuerdo de todos los ancianos que con amor comunican su fe a los más jóvenes. Recuerdo de Maria, enferma psíquica que murió en Roma en 1992. Con ella, recordamos a todos los enfermos psíquicos.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 13,10-17

Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» El les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis,
mirar, miraréis, pero no veréis.
Porque se ha embotado el corazón de este pueblo,
han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado;
no sea que vean con sus ojos,
con sus oídos oigan,
con su corazón entiendan y se conviertan,
y yo los sane.
«¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús acaba de narrar la parábola del sembrador. Es una parábola ejemplar, en el sentido que si no se comprende esta, es difícil entender las demás. Efectivamente, con esta parábola Jesús enseña su nueva manera de predicar el Evangelio, que es, precisamente, con parábolas. En las parábolas los conceptos se mezclan con las imágenes y los acontecimientos de la vida de cada día que son bien comprensibles por quienes escuchan. El Evangelio tenía que llegar a todas partes. Cualquiera podía escucharlo y ser ayudado. Los apóstoles, sorprendidos por aquella decisión de Jesús, le preguntan directamente: «¿Por qué les hablas en parábolas?». El anuncio del Reino de Dios, que es el corazón de la predicación evangélica, debía comunicarse de manera clara pero sin que fuera malinterpretado. Para los judíos el Mesías tenía que instaurar el Reino por medios políticos y en algunos casos con violencia, como predicaban los zelotas. Jesús no quería que lo malinterpretaran. Por eso eligió un lenguaje que llegara a entrar en el corazón. Quien tenía sed de amor, iba a recibir más. Quien no tiene sed de amor, la agotará aún más. Podríamos entender las palabras de Jesús así: a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. El lenguaje parabólico implica a quien lo oye y desarma a los fariseos. Además, Dios decidió revelar los «misterios del reino» a los pequeños y a los débiles. Ellos son los destinatarios del Reino. Por eso dice a los discípulos: «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!». Ellos, así como los débiles, reciben la gracia de poder tocar, escuchar y ver con sus ojos a Jesús. Él es «la parábola» de Dios entre nosotros.