Memoria de la Iglesia

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Recuerdo del Porrajmos, el exterminio de los gitanos por obra de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo del beato Ceferino Jiménez Malla, mártir gitano ejecutado en España en 1936.
Recuerdo de Yaguine y Fodé, dos jóvenes de 15 y 14 años de Guinea que murieron de frío en 1999 en el tren de aterrizaje de un avión en el que se habían escondido para llegar a Europa, donde soñaban poder estudiar.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 13,47-53

«También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.» Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús continúa hablando en parábolas y anunciando que está a punto de llegar el momento en el que el amor de Dios reinará sobre la vida de los hombres y será derrotada la violencia del mal. Todo eso, sin embargo, aunque empieza por iniciativa de Dios, no sucede sin la participación de los hombres. Jesús utiliza en su parábola la imagen de la red de pesca. Suele ser una red muy grande que se cala en semicírculo en el agua y se arrastra hasta la playa. Esta red, dice Jesús, atrapa una gran cantidad de peces. Jesús quiere subrayar que el reino de Dios es grande, es para todos los hombres, sin distinción alguna. «Cuando está llena -dice Jesús-, la sacan a la orilla». La red tiene que estar llena antes de arrastrarla hasta la orilla. En este comentario destaca también la generosidad y la grandeza del amor de Jesús. También en la parábola del sembrador la semilla se esparce por doquier, sin elegir un terreno. ¡Qué diferencia con nuestras limitadas, egocéntricas, perezosas y avaras medidas! El reino del Señor quiere abrazar a todos. Es una invitación que al inicio de este nuevo milenio se dirige también a nosotros para que generosamente tiremos la red, para que generosamente intentemos de todos modos comunicar el Evangelio hasta los extremos de la tierra. Cuando la red está llena de peces, la llevan a la orilla, donde hacen la selección, el juicio: los peces buenos son separados de los malos. Pasará lo mismo entre ovejas y cabras, como explica Mateo en el juicio universal. Los justos son los que han amado. La distinción entre buenos y malos estará precisamente en la atención al prójimo. El Señor tiene un juicio de amor, que nos ayuda a decidir no dejar perder un amor tan grande. Jesús, al final, pregunta a los discípulos si lo han entendido. Quiere que sus palabras entren en el corazón. Y Jesús dice a los discípulos que si comprenden el sentido del Reino de los Cielos se convierten en doctores (escribas) de la nueva ley, es decir, adquieren la sabiduría que viene del Evangelio pero también saben valorar las «cosas antiguas», es decir, lo que recibimos de la sabiduría simplemente humana.