Memoria de los pobres

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Recuerdo de san Calixto papa (†222). Amigo de los pobres, fundó la casa de oración sobre la que se erigió Santa María de Trastevere.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 1,1-7

Pablo, siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios, que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas, acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro, por quien recibimos la gracia y el apostolado,
para predicar la obediencia de la fe a gloria de su
nombre
entre todos los gentiles, entre los cuales os contáis también vosotros, llamados de Jesucristo, a todos los amados de Dios que estáis en Roma,
santos por vocación,
a vosotros gracia y paz,
de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

La Epístola a los Romanos, cuya lectura empezamos, ocupa el primer lugar en el epistolario paulino, tanto por su longitud como por la importancia del tema que trata. Con ella, en efecto, el apóstol se dirige a la comunidad de Roma que no había fundado, pero cuya fe era "alabada en todo el mundo" (Rm 1, 8) para explicar qué significa la salvación, es decir, la "justicia" que salva, la que Dios concedió a los hombres mediante Jesucristo, cumpliendo así la promesa que hizo a Abrahán. En las palabras de saludo Pablo se presenta como "siervo" de Jesús; pertenece a él totalmente. Por eso precisamente fue "escogido" como "apóstol", es decir, alguien con una misión y una tarea particulares que el Señor mismo le ha confiado para la edificación de la Iglesia. Es la misión de comunicar el Evangelio "que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas", cuya culminación es el Evangelio de Jesús, "constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos". El Señor mismo lo llamó para comunicar dicho Evangelio al gran mundo de los "gentiles", a los que pertenecen también los "que están en Roma". El apóstol sabe que la comunidad de Roma está formada en gran parte por cristianos provenientes del paganismo y que es "santa" por haber recibido y acogido el Evangelio. Por eso desea para todos la gracia y la paz, es decir, los dones con los que Dios enriquece y protege la vida de sus hijos. Es la gracia de una vida rescatada de la muerte y enriquecida con hermanos y hermanas a los que debemos amar. Es la paz de una vida que alcanza su plenitud siguiendo a Jesús. Todo creyente, siguiendo el ejemplo del apóstol, es "siervo de Jesús, apóstol por vocación".