Memoria de la Madre del Señor

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Recuerdo de san Juan Pablo II, que murió en 2005. Recuerdo de María Salomé, madre de Santiago y de Juan, que siguió al Señor hasta los pies de la cruz y lo colocó en el sepulcro.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Romanos 5,12-15.17-19.20-21

Por tanto, como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; - porque, hasta la ley, había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley; con todo, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión semejante a la de Adán, el cual es figura del que había de venir... Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos! En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por un solo, por Jesucristo! Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida. En efecto, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos. La ley, en verdad, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; así, la mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinaría la gracia en virtud de la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Esta página de la Epístola a los Romanos sitúa la historia cristiana dentro de un marco más amplio de la historia humana. El apóstol quiere mostrar la fuerza y la universalidad del amor de Jesús. Su historia incide en toda la humanidad. Por eso habla de Adán, para recordar que todos los hombres son pecadores y, por tanto, están sujetos a la consecuencia última del pecado que es la muerte. El pecado, de hecho, no es solo una mala acción, una acción puntual y cerrada en sí misma. El pecado también es aquella situación de debilidad y de limitación que vivimos a causa del orgullo y de la autosuficiencia que anidan en nuestro corazón y que alejan a Dios dejándonos a merced del príncipe del mal. Es el misterio del "pecado original", que Adán dejó en herencia a toda la humanidad. Tanto los hombres como la creación están marcados por el pecado. Y todos, hombres y creación, esperan un nuevo nacimiento. Pablo afirma que, puesto que todos los hombres han experimentado la perdición por obra de un solo hombre, Adán, ahora todos pueden alcanzar la salvación mediante un solo hombre, Jesucristo. Es él quien, por amor, cargó con todo el peso de tristeza, de violencia, de desesperación, de enemistad y de muerte que grava sobre la vida de la humanidad. Con su muerte, Jesús destruyó toda muerte y con su resurrección abrió el camino de la justicia y de la paz. Los discípulos están llamados a dar gracias por este misterio, que Dios ocultó a sabios y a poderosos, pero reveló a los pequeños. Por gracia, todos participamos en este misterio hasta convertirnos en testimonios autorizados en todo el mundo.