Memoria de Jesús crucificado

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Recuerdo de san Pablo VI, papa, que murió en 1978.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hechos de los Apóstoles 25,13-21

Pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea y fueron a saludar a Festo. Como pasaran allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo: «Hay aquí un hombre, le dijo, que Félix dejó prisionero. Estando yo en Jerusalén presentaron contra él acusación los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo contra él sentencia condenatoria. Yo les respondí que no es costumbre de los romanos entregar a un hombre antes de que el acusado tenga ante sí a los acusadores y se le dé la posibilidad de defenderse de la acusación. Ellos vinieron aquí juntamente conmigo, y sin dilación me senté al día siguiente en el tribunal y mandé traer al hombre. Los acusadores comparecieron ante él, pero no presentaron ninguna acusación de los crímenes que yo sospechaba; solamente tenían contra él unas discusiones sobre su propia religión y sobre un tal Jesús, ya muerto, de quien Pablo afirma que vive. Yo estaba perplejo sobre estas cuestiones y le propuse si quería ir a Jerusalén y ser allí juzgado de estas cosas. Pero como Pablo interpuso apelación de que su caso se reservase a la decisión del Augusto, mandé que se le custodiara hasta remitirle al César.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas coloca aquí, a modo de intermedio, el encuentro con el rey Agripa II y su hermana Berenice, que estaban en Cesarea para saludar a Festo, procurador de Roma. Festo le resume el proceso a Agripa. Con gran astucia el procurador va de inmediato al núcleo del problema: Pablo, el acusado, afirma que un tal Jesús al que los judíos dan por muerto en realidad está vivo. Ese, precisamente, era el centro de la predicación del apóstol, tal como se ve en el conjunto de sus cartas: la muerte y la resurrección de Jesús son el corazón del Evangelio de Pablo. Aquel anuncio era totalmente nuevo: con la resurrección de Jesús la vida de los hombres ya no estaba circunscrita al horizonte terrenal, sino que se abría a un nuevo horizonte, impensado y tal vez impensable. Es el mayor don que Dios ha podido hacer a la humanidad. Hasta el punto de que la noche del sábado santo la Iglesia canta "feliz culpa", la de Adán, que permitió la venida del Salvador. Para comunicar esta esperanza, que es el núcleo del Evangelio de Jesucristo, Pablo pasó problemas y peligros de todo tipo y ahora se ve sometido a un largo proceso. Él forma parte de los primeros discípulos que dieron su vida para testimoniar la resurrección del Señor. Muchos más, en los siglos venideros, han seguido ese mismo camino. Estos hermanos y hermanas nuestros nos preceden y nos indican el valor y la fuerza del amor de Cristo que lleva a dar la vida por el Señor y por los hermanos.