Memoria de la Madre del Señor

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Fiesta de María del Monte Carmelo.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre ti,
el que nacerá de ti será santo.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Isaías 26,7-9.12.16-19

La senda del justo es recta;
tú allanas la senda recta del justo. Pues bien, en la senda de tus juicios
te esperamos, Yahveh;
tu nombre y tu recuerdo son el anhelo del alma. Con toda mi alma te anhelo en la noche,
y con todo mi espíritu por la mañana te busco.
Porque cuando tú juzgas a la tierra,
aprenden justicia los habitantes del orbe. Yahveh, tú nos pondrás a salvo,
que también llevas a cabo todas nuestras obras. Yahveh, en el aprieto de tu castigo te buscamos;
la angustia de la opresión era tu castigo para
nosotros. Como cuando la mujer encinta está próxima al parto sufre,
y se queja en su trance,
así éramos nosotros delante de ti, Yahveh. Hemos concebido, tenemos dolores
como si diésemos a luz viento;
pero no hemos traído a la tierra salvación,
y no le nacerán habitantes al orbe. Revivirán tus muertos,
tus cadáveres resurgirán,
despertarán y darán gritos de júbilo
los moradores del polvo;
porque rocío luminoso es tu rocío,
y la tierra echará de su seno las sombras.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

He aquí Señor, a tus siervos:
hágase en nosotros según tu Palabra.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este pasaje pertenece a la parte del libro de Isaías conocida como "Apocalipsis de Isaías" (capítulos 24-27). Podemos leer esta página como la invitación del profeta a confiar en el Señor que nos ayudará a interpretar la historia con sus ojos y a aprender de ella. Y demostramos nuestra confianza en Dios en primer lugar cuando nos dirigimos a él en el momento de la prueba o del sufrimiento -como el de una mujer que da a luz-, sabiendo que nos dará su ayuda. Solo de las alturas puede venir la ayuda, solo de Dios puede venir la vida. El justo sabe que todos sus esfuerzos son vanos si no tiene la ayuda de las alturas: "No hemos traído a la tierra salvación, no le nacerán habitantes al orbe". Ser consciente de su debilidad no le hace ceder a la resignación o al pesimismo. El justo sabe que solo el Señor puede despertarle a la vida. Por eso ni siquiera en medio del dolor y de la tribulación deja de buscar al Señor, porque reconoce que es como un padre que nunca abandona a sus hijos. En el drama de un tiempo sin paz -como el que vive hoy día nuestro mundo- tenemos que buscar nuevamente a Dios y dejar que su Palabra ilumine la vida de los hombres. Muchas veces a causa del dolor nos cerramos en nosotros mismos y pensamos que el Señor está lejos de nosotros y de nuestras preocupaciones. Pero en realidad Él no desprecia nuestro sufrimiento, no deja que caiga en el vacío ni siquiera una gota del dolor del mundo, del sufrimiento de los pobres. Al contrario, comprende su angustia y su dolor y acude pronto en su ayuda. Unámonos a la oración del profeta, que es la mejor y más verdadera respuesta al dolor del mundo.