Memoria de Jesús crucificado

Compartir En


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Eclesiastés 3,1-11

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Su tiempo el nacer,
y su tiempo el morir;
su tiempo el plantar,
y su tiempo el arrancar lo plantado. Su tiempo el matar,
y su tiempo el sanar;
su tiempo el destruir,
y su tiempo el edificar. Su tiempo el llorar,
y su tiempo el reír;
su tiempo el lamentarse,
y su tiempo el danzar. Su tiempo el lanzar piedras,
y su tiempo el recogerlas;
su tiempo el abrazarse,
y su tiempo el separarse. Su tiempo el buscar,
y su tiempo el perder;
su tiempo el guardar,
y su tiempo el tirar. Su tiempo el rasgar,
y su tiempo el coser;
su tiempo el callar,
y su tiempo el hablar. Su tiempo el amar,
y su tiempo el odiar;
su tiempo la guerra,
y su tiempo la paz. ¿Qué gana el que trabaja con fatiga? He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen. El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Conocer el "tiempo" es señal de sabiduría. Cohélet, con la composición heptasílaba de los "polos opuestos", quiere abarcar toda la vida humana marcando su ritmo con las distintas "estaciones" o "acontecimientos". Pero no es el hombre, quien teje su vida. No somos nosotros, quienes "elegimos" nacer y morir, y tampoco podemos eliminar los "polos opuestos" que van marcando nuestra vida. En todo hay un orden: "Cada cosa tiene su tiempo bajo el cielo". La lista que propone quiere alejar la idea del desorden, pero el hombre no puede conocer el sentido que esconde y aún menos, guiarlo. El texto destaca la miseria del conocimiento humano. La misma vida es un "hacer" múltiple y variado, pero sin sentido. El hombre trabaja "con fatiga" para obtener resultados, para alcanzar metas, para construir el "mundo", pero no es su dueño. ¿Por qué trabajar con fatiga, pues, si no puede disfrutarlo? Cohélet aleja la idea de que Dios se equivocó y recuerda que "Él ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo". Por tanto, es "apropiado" nacer y es "apropiado" morir; y es "apropiado" amar y también odiar, etcétera. Toda la creación tiene una armonía íntima. La experiencia nos dice que es muy difícil vivir y comprender la vida: "el hombre no es capaz de descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin". Pero Dios ha puesto "el conjunto del tiempo en sus corazones". Es verdad que el hombre no es capaz de comprender el sentido de los "tiempos" que se suceden uno a otro, pero puede comprender la eternidad, el "tiempo" de Dios. Precisamente conociendo su límite, el hombre se abre al sentido del misterio de Dios al que no se le escapa nada.