Oración por la Paz

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En la Basílica de Santa María de Trastevere se reza por la paz.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Efesios 2,1-10

Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los rebeldes... entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo en medio de las concupiscencias de nuestra carne, siguiendo las apetencias de la carne y de los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera... Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amo, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Antes de la conversión, "todos nosotros", recuerda Pablo, vivíamos según la mentalidad de este mundo. De hecho, cuando estábamos sometidos al espíritu del mal, nos comportábamos según nuestras "concupiscencias", siguiendo "las apetencias de nuestra naturaleza humana", obedeciendo a nuestros "malos pensamientos", en lugar de amar a Dios "con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente". Así pues, estábamos "por naturaleza" bajo la ira de Dios, es decir, en una situación que Dios no podía tolerar, porque chocaba con su designo de amor. Él, a pesar de nuestro pecado, vino a salvarnos, como escribe Pablo: "Pero Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvados-, y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús". El Señor tiene compasión de nosotros y nos da su amor sin ponerse ningún límite. Eso es lo extraordinario: Él se dirige a un hombre pecador y, por tanto, a un enemigo suyo, y no ya a un hombre arrepentido. Y aun así no se limita a sacarnos de una situación sin salida. De hecho, nos comunica la verdadera Vida. En Cristo, el Padre nos ha revelado su rostro misericordioso. Nosotros, miembros del Cuerpo de Cristo, el Hijo predilecto, ya hemos resucitado con él y estamos donde está él: con Dios. Unidos a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia, somos libres del destino ciego del mal, de la soledad y de la muerte. Libres, por gracia, repite el apóstol. El apóstol recuerda la primacía de la gracia contra la tentación de que "nos gloriemos" de la salvación a través de nuestras "obras". La fe es acoger el amor de Dios en nuestro corazón y dejar que obre según su fuerza.