Memoria de la Iglesia

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Recuerdo de san Francisco Javier, jesuita del siglo XVI, misionero en la India y el Japón.


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 7,21.24-27

«No todo el que me diga: "Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. «Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús está terminando el Sermón de la Montaña está llegando a su fin y compara a los que escuchan y ponen en práctica sus palabras con los que solo las escuchan. Jesús advierte claramente que esas palabras no son una exhortación moral, sino un "fundamento", en el sentido de que fundan la nueva vida del discípulo. El Evangelio es la verdad, la sustancia, la realidad más sólida para vivir. Podríamos decir que en un mundo cada vez más líquido, a merced de los sentimientos individualistas, las palabras del Evangelio son la verdadera roca sobre la que construir la propia vida, la de la comunidad y la de la sociedad misma. Jesús propone dos imágenes opuestas: "El que oiga... y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca" mientras que "el que oiga... y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena". El ejemplo continúa: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquellas dos casas. Jesús habla de las tormentas de la vida: las tentaciones que nos asaltan, las dificultades que nos acechan, los problemas que nos molestan, etc. Podríamos decir que en la tormenta de la pandemia y la incertidumbre del futuro, la casa edificada sobre la roca, es decir, una vida vivida en la fidelidad al Evangelio y en el amor, permanece firme; en cambio, la otra casa, la casa edificada sobre la arena, se derrumba inexorablemente. ¿Y qué es la arena sino los innumerables granos de vicios, defectos, instintos -todos mínimos- que llenan nuestros corazones y mentes, haciendo nuestra vida a menudo vacía y banal? La Palabra de Dios está, pues, en el fundamento: hace estable la casa y la ilumina para que esté al servicio del Evangelio y de todos, especialmente de los pobres.