Oración de la Santa Cruz

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 14,1-6

Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando. Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?» Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: «¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento?» Y no pudieron replicar a esto.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Un sábado invitan a Jesús a una comida en casa de uno de los fariseos. Se podría hablar de un "magisterio de las comidas", de una enseñanza que emana del conjunto de las comidas que Jesús tomaba con los pecadores, los publicanos, los fariseos, los discípulos y la gente. Jesús convirtió la comida compartida por todos en el símbolo quizás más expresivo de un pueblo nuevo que acoge y vive la plenitud de la vida de Dios. Se trataba de un gesto provocador, que Jesús quiso hacer intencionadamente. Sus comidas -evidentemente como él las transformaba- provocaron una reacción inmediata contra él. Eso es lo que ocurrió en esta comida en casa de un fariseo. El evangelista destaca desde el inicio la hostilidad de los presentes. No ocurre lo mismo con aquel hidrópico que entra en la casa, va directamente hacia Jesús y se pone delante de él esperando que lo cure. En la antigüedad había un gran temor por la hidropesía y en el judaísmo era considerada una maldición que aparecía como consecuencia de las culpas cometidas. En cuanto Jesús ve a aquel hombre frente a él, pregunta a los legistas y a los fariseos presentes si es lícito o no curar en sábado a un enfermo. La pregunta, evidentemente, es retórica. No obtuvo respuesta alguna: "Ellos guardaron silencio", indica el evangelista. Jesús, sin más dilación, lo tomó de la mano y le curó la enfermedad. Podríamos decir que los pobres no pueden esperar disputas y debates. El amor y la compasión por los débiles no toleran retrasos, que, por desgracia, se producen a menudo, y no se detienen cuando encuentran oposición. Este es el tercer milagro, tras los del hombre con la mano paralizada y la mujer encorvada, que Jesús realiza en sábado. Para él el sábado es realmente un día de fiesta, el día en el que se manifiestan plenamente la bondad y el amor de Dios por los hombres, sobre todo por los más débiles.