Oración de la Santa Cruz

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Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el Evangelio de los pobres,
la liberación de los prisioneros,
la vista de los ciegos,
la libertad de los oprimidos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Lucas 21,29-33

Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre,
ha venido a servir,
quien quiera ser grande
se haga siervo de todos.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús vino para salvarnos de toda esclavitud, también de lo que podríamos llamar resignación al Mal. Con la llegada de Jesús al mundo empezó el tiempo nuevo de la liberación del mal y de la instauración de la salvación. Jesús es el alba de un nuevo mundo: su vida, su amor, sus milagros y su resurrección son aquellos brotes que manifiestan la nueva primavera de la historia humana. Por eso dice a los discípulos: "Les añadió una parábola: "Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que retoñan, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que el Reino de Dios está cerca". Leyendo el Evangelio y contemplando la obra de Jesús sabemos que ya ha empezado un mundo nuevo, el de Jesús. Y observando también las numerosas señales de amor, aunque sean pequeñas como un retoño, descubrimos en ellas que ya está presente y vivo el futuro nuevo, el futuro planteado por el Evangelio y que Jesús continúa haciendo madurar y crecer. Podríamos decir que Jesús trajo al mundo el futuro de Dios. Allí donde brota el amor, allí donde se manifiesta el perdón, allí donde crece la misericordia, allí donde se practica el diálogo y allí donde se instaura la paz, allí salen los brotes del reino de Dios. Al descubrirlos, todos estamos llamados a hacer brotar señales de amor en nuestro corazón y en nuestra vida. Así hacemos que llegue pronto y plenamente su reino. Jesús asegura que estas palabras suyas son firmes, más firmes que el cielo y la tierra. El Evangelio del amor es la verdadera roca, el verdadero fundamento sobre el que construir nuestra vida y la vida del mundo entero.