Fiesta de la transfiguración

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Fiesta de la transfiguración del Señor.
Fiesta de la Transfiguración del Señor en el monte Tabor.
Recuerdo de Hiroshima (Japón), donde en 1945 se lanzó la primera bomba atómica.


Primera Lectura

Daniel 7,9-10.13-14

Mientras yo contemplaba:
Se aderezaron unos tronos
y un Anciano se sentó.
Su vestidura, blanca como la nieve;
los cabellos de su cabeza, puros como la lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego corría
y manaba delante de él.
Miles de millares le servían,
miríadas de miríadas estaban en pie delante de él.
El tribunal se sentó,
y se abrieron los libros. Yo seguía contemplando en las visiones de la noche:
Y he aquí que en las nubes del cielo venía
como un Hijo de hombre.
Se dirigió hacia el Anciano
y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio,
honor y reino,
y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su imperio es un imperio eterno,
que nunca pasará,
y su reino no será destruido jamás.

Salmo responsorial

Salmo 28 (29)

¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios,
rendid a Yahveh gloria y poder!

Rendid a Yahveh la gloria de su nombre,
postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.

Voz de Yahveh sobre las aguas;
el Dios de gloria truena,
¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!

Voz de Yahveh con fuerza,
voz de Yahveh con majestad.

Voz de Yahveh que desgaja los cedros,
Yahveh desgaja los cedros del Líbano,

hace brincar como un novillo al Líbano,
y al Sarión como cría de búfalo.

Voz de Yahveh que afila llamaradas.

Voz de Yahveh, que sacude el desierto,
sacude Yahveh el desierto de Cadés.

Voz de Yahveh, que estremece las encinas,
y las selvas descuaja,
mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!

Yahveh se sentó para el diluvio,
Yahveh se sienta como rey eterno.

Yahveh da el poder a su pueblo,
Yahveh bendice a su pueblo con la paz.

Segunda Lectura

Segunda Pedro 1,16-19

Os hemos dado a conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: «Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco.» Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo. Y así se nos hace más firme la palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana.

Lectura del Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Mateo 17,1-9

Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.» Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Homilía

Hoy celebramos la fiesta de la Transfiguración de Jesús. Es uno de los episodios más misteriosos del Evangelio. La Iglesia -consciente de la relación de este suceso con el misterio de la cruz- pone esta fiesta el 6 de agosto, es decir, cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, que se celebra el 14 de septiembre. Existe un íntimo vínculo entre el rostro del crucificado y el del Tabor: ambos se caracterizan por el amor, un amor que se da hasta el final y precisamente por ello transfigura. Jesús quería que los tres discípulos más próximos participaran en este misterio. Todo empieza con una amistad que en el Tabor, viendo lo que ocurre, se manifiesta en estas palabras de Pedro: "Está bien que nos quedemos aquí". Pedro descubre el sentido una vida totalmente distinta. Es el asombro de quien experimenta que la vida de cada día no es hermosa, sino que, por el contrario, está llena de amargura, incomprensión, agitación, incertidumbre, preguntas que muchas veces quedan sin respuesta. ¿Es posible ser distinto? ¿No estamos condenados a repetirnos siempre?, ¿a quedarnos como petrificados en nuestros límites, defectos y costumbres? ¿Y la sociedad, el mundo, no parecen condenados a la violencia y al abuso? El profeta Daniel -en la lectura que hemos escuchado- habla de una visión nocturna en la que Dios mismo se manifiesta en la historia. Es una profecía antigua que pide levantarse de una resignación enquistada. El Evangelio viene a nuestro encuentro y nos muestra a Jesús que se transfigura ante nosotros. Es la buena noticia de que podemos vivir de un modo distinto, no según lo que pensamos y lo que vemos. Hoy, el recuerdo de la bomba atómica sobre Hiroshima nos recuerda las tragedias que se pueden producir si el mundo no logra transfigurarse. En ese caso corre el peligro de "desfigurarse" dramáticamente, como ocurrió aquel año de guerra. Jesús se transfigura porque quiere que nosotros y el mundo nos transfiguremos. Y -centrándonos en una sola reflexión- podríamos decir que la amistad con Jesús, dejar que él nos ame, nos transfigura y hace que seamos capaces de transfigurar el mundo.