Liturgia del domingo

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IV del tiempo ordinario
Recuerdo de Modesta, persona sin hogar a la que en 1983 dejaron morir en la estación Termini de Roma: no la auxiliaron porque iba sucia. Con ella, recordamos a todos los que mueren en las calles sin casa y sin que nadie les auxilie.


Primera Lectura

Deuteronomio 18,15-20

Yahveh tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis. Es exactamente lo que tú pediste a Yahveh tu Dios en el Horeb, el día de la Asamblea, diciendo: "Para no morir, no volveré a escuchar la voz de Yahveh mi Dios, ni miraré más a este gran fuego". Y Yahveh me dijo a mí: "Bien está lo que han dicho. Yo les suscitaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. Si alguno no escucha mis palabras, las que ese profeta pronuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas de ello. Pero si un profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir, y habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá."

Salmo responsorial

Salmo 94 (95)

Venid, cantemos gozosos a Yahveh,
aclamemos a la Roca de nuestra salvación;

con acciones de gracias vayamos ante él,
aclamémosle con salmos.

Porque es Yahveh un Dios grande,
Rey grande sobre todos los dioses;

en sus manos están las honduras de la tierra,
y suyas son las cumbres de los montes;

suyo el mar, pues él mismo lo hizo,
y la tierra firme que sus manos formaron.

Entrad, adoremos, prosternémonos,
¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!

Porque él es nuestro Dios,
y nosotros el pueblo de su pasto,
el rebaño de su mano.
¡Oh, si escucharais hoy su voz!:

No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá,
como el día de Massá en el desierto,

donde me pusieron a prueba vuestros padres,
me tentaron aunque habían visto mi obra.

Cuarenta años me asqueó aquella generación,
y dije: Pueblo son de corazón torcido,
que mis caminos no conocen.

"Y por eso en mi cólera juré:
¡No han de entrar en mi reposo!"""

Segunda Lectura

Primera Corintios 7,32-35

Yo os quisiera libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor. El casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer; está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división.

Lectura del Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Marcos 1,21-28

Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.» Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.» Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.» Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Ayer fui sepultado con Cristo,
hoy resucito contigo que has resucitado,
contigo he sido crucificado,
acuérdate de mí, Señor, en tu Reino.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Homilía

Después de abandonar el desierto de Judá y volver a Galilea, Jesús elige Cafarnaún como su morada habitual. El evangelista Marcos subraya la autoridad con la que Jesús hablaba y las consecuencias de ello: todos en la sinagoga "quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas". Uno no podía permanecer indiferente ante esa nueva enseñanza. Los que le escuchaban se veían como forzados a decidir entre seguir a Jesús y su sueño, o bien encerrarse en su propio mundo pequeño. La predicación de los escribas, cuyas palabras estaban llenas de reglas y mandatos, no llegaba al corazón y dejaba a la gente a merced de sí misma. Hoy vivimos una situación similar. Nuestras ciudades están como inmersas en una profunda crisis de valores y comportamientos. Lo que parece prevalecer en todas partes es un individualismo exasperado que lleva a la gente a encerrarse y a preocuparse solo de sí mismos. Cada uno parece tener su dios, su templo, su escriba, su predicador, de modo que se puede hablar de ciudades politeístas; pero al final lo que queda es un solo "dios", el propio yo. Hay quienes hablan del nuevo culto, la egolatría, el culto al propio yo, en cuyo altar se sacrifica todo, incluso lo más querido. Sin embargo, cuando uno se concentra solo en sí mismo, ese es presa de los innumerables "espíritus inmundos" que en las ciudades contemporáneas se multiplican constantemente.
Estos espíritus, que continúan amargando la vida de nuestras ciudades, no pueden soportar ser perturbados en su dominio, y gritan contra la predicación del Evangelio. "¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret?" De hecho, hay una oposición a la predicación del Evangelio para que no perturbe esa concentración en ellos mismos, que divide y envenena la vida de nuestras ciudades; pero el Evangelio es decisivo para salvar a los hombres y a las mujeres de la esclavitud de una vida llena de miedos y violencia. "Cállate y sal de él." Es necesario que las comunidades cristianas y los discípulos salgan de sí mismos y de sus costumbres, incluso las pastorales, para emprender la nueva misión de expulsar a los diversos espíritus que subyugan a muchos en nuestras ciudades; para que se afirme en cambio una nueva cultura, la de la misericordia, la acogida, el encuentro y la ayuda mutua. El papa Francisco no deja de recordárselo a todos los discípulos, de hecho, es urgente que toda la Iglesia, cada creyente y toda la comunidad eclesial redescubran el valor de volver a proponer el Evangelio "sine glossa", sin añadidos, como decía Francisco de Asís. Esta es la única autoridad que "manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen".