Oración por la Iglesia

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Recuerdo de san Felipe Neri (+1595), "apóstol de Roma".


Lectura de la Palabra de Dios

Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el buen pastor,
mis ovejas escuchan mi voz
y devendrán
un solo rebaño y un solo redil.

Aleluya, aleluya, aleluya.

Hechos de los Apóstoles 18,1-8

Después de esto marchó de Atenas y llegó a Corinto. Se encontró con un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia, y con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma; se llegó a ellos y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. El oficio de ellos era fabricar tiendas. Cada sábado en la sinagoga discutía, y se esforzaba por convencer a judíos y griegos. Cuando llegaron de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó enteramente a la Palabra, dando testimonio ante los judíos de que el Cristo era Jesús. Como ellos se opusiesen y profiriesen blasfemias, sacudió sus vestidos y les dijo: «Vuestra sangre recaiga sobre vuestra cabeza; yo soy inocente y desde ahora me dirigiré a los gentiles.» Entonces se retiró de allí y entró en casa de un tal Justo, que adoraba a Dios, cuya casa estaba contigua a la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y otros muchos corintios al oír a Pablo creyeron y recibieron el bautismo.

 

Aleluya, aleluya, aleluya.

Les doy un mandamiento nuevo:
que se amen los unos a los otros.

Aleluya, aleluya, aleluya.

A pesar de la consternación que le produjo lo sucedido en Atenas, Pablo no piensa que los griegos estén tan alejados de Dios y tan satisfechos consigo mismos como para ser impermeables al Evangelio. Se va de la capital y se dirige hacia Corinto, otra ciudad griega cosmopolita y famosa por el puerto comercial. Al entrar a la ciudad, Pablo va a la casa de Áquila y Priscila, una pareja de cristianos expulsados de Roma por un edicto del emperador Claudio contra los judíos. La administración romana no distinguía entre los judíos y los cristianos. Pablo se aloja con esta familia y trabaja en su casa para ganarse el pan. Es significativa la anotación del autor de los Hechos sobre la actividad de Pablo: "Se dedicó enteramente a la palabra". Es una indicación que debería dar que pensar a las comunidades cristianas de hoy para animarlas a todas a una mayor generosidad al comunicar el Evangelio, tanto con la predicación como con el testimonio. Pablo sentía la urgencia de la evangelización y la vivía con verdadera pasión; y no faltaron los frutos, incluso Crispo, el jefe de la sinagoga se convirtió; y Corinto vio nacer a una numerosa comunidad formada en gran parte por comerciantes, marinos, esclavos y libertos. Se podría decir que era una comunidad de personas del puerto, un grupo muy vivaz, dinámico y, al mismo tiempo, complejo y con bastantes problemas de convivencia, pero se sentían un único pueblo. A pesar de todos los límites, aquellos cristianos eran, con su unidad, un verdadero cuerpo espiritual, eran un signo concreto de esperanza no solo para aquellos portuarios sino para toda la ciudad de Corinto. Eso mismo es lo que se pide a las comunidades cristianas de hoy, que muchas veces son minoritarias en nuestras ciudades complejas y plurales, se les llama a ser lugares de paz y levadura de amor para fermentar toda la ciudad en sus diversas articulaciones. La Carta a Diogneto habla de la comunidad cristiana como alma de la ciudad. Es el sentido de la Iglesia "en salida" que el papa Francisco no deja de recordar. La Iglesia, toda comunidad cristiana, no vive para sí misma sino para ser "signo e instrumento de la unidad del género humano" (Concilio Vaticano II).