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15 Septiembre 2014

Pasar de ese “¿A mí qué me importa?” al llanto. Por todos los caídos de la “masacre inútil”

por todas las víctimas de la locura de la guerra de todos los tiempos.

 
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...  Mientras Dios lleva adelante su creación y nosotros los hombres estamos llamados a colaborar en su obra, la guerra destruye. Destruye también lo más hermoso que Dios ha creado: el ser humano. La guerra trastorna todo, incluso la relación entre hermanos. La guerra es una locura; su programa de desarrollo es la destrucción: ¡crecer destruyendo!

La avaricia, la intolerancia, la ambición de poder… son motivos que alimentan el espíritu bélico, y estos motivos a menudo encuentran justificación en una ideología; pero antes está la pasión, el impulso desordenado. La ideología es una justificación, y cuando no es la ideología, está la respuesta de Caín: “¿A mí qué me importa de mi hermano?'', ''¿Soy yo el guardián de mi hermano?'' La guerra no se detiene ante nada ni ante nadie: ancianos, niños, madres, padres… “¿A mí qué me importa?”.

Sobre la entrada a este cementerio, se alza el lema desvergonzado de la guerra: “¿A mí qué me importa?”. Todas estas personas, quereposan aquí, tenían sus proyectos, sus sueños… pero sus vidas quedaron truncadas. ¿Por qué? Porque la humanidad dijo: “¿A mí qué me importa?”...

De la homilía en el Monumento Militar de Redipuglia, 13 de septiembre de 2014