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En ocasión del 43 aniversario de la Comunidad, una mirada al 2010: un año con quien es pobre, un año de diálogo y de búsqueda de la paz


 
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En ocasión del 43 aniversario de la Comunidad, una mirada al 2010:
Un año con los que no cuentan para nada, un año de diálogo para construir la paz y la amistad preventiva

Hace cuarenta y tres años, en Roma, en los lugares que habían visto crecer la fantasía y la inteligencia de san Felipe Neri en el amor por los pobres y los jóvenes romanos, nacía la Comunidad de Sant’Egidio. Un pequeño inicio. Algunos estudiantes de secundaria –Andrea Riccardi que también lo era–, el Evangelio redescubierto, el sueño de cambiar el mundo y la vida de cada uno juntos, no cada uno por su cuenta. Una familia no convencional que nacía junto a los niños y a las mujeres en situaciones difíciles en las barracas romanas, comunidad, amistad. Una amistad con los pobres y con un mundo marginal que pronto iba a “desprovincializar” aquella primera generación de clase media, convirtiendo a Sant’Egidio, incluso antes de tener un nombre, en una alianza sin límites preestablecidos, con los pobres. No con una idea de cambio, con una idea de los problemas sociales, no con una ideología. Sueños pero construidos en la vida personal de cada uno.

Un inicio muy modesto. Amistad, evangelio, pobres. No había ni siquiera un nombre, que llegó al cabo de cinco años: Sant’Egidio, el antiguo monasterio de clausura que fue reabierto, porque estaba abandonado, la iglesia que fue la primera que abrió por la tarde en Roma, para hacer una oración abierta a todo el mundo, en Trastevere. Que hoy es demasiado pequeña y en muchas zonas de Roma y en muchas ciudades del mundo otras oraciones vespertinas, al terminar el día, dicen que el centro de Sant’Egidio, haga lo que haga y sea lo que sea en el mundo, sigue siendo la oración y la escucha del Evangelio: que abre a todos, sin exclusiones.

Preghiera nella basilica di Santa Maria in TrastevereOración en la basílica de Santa Maria in Trastevere. Y el centro de este centro es la oración de la tarde en Santa Maria in Trastevere, parroquia que recibe la visita de 250 mil personas al año, que representa un ejemplo concreto de que no hay interrupción entre oración, evangelio y amistad con los pobres, algo que se hace evidente en la comida de Navidad en la basílica. Nuevamente este año, diez mil personas en Roma y 130 mil en todo el mundo han vivido así la Navidad, en una familia especial, la familia de los sin familia.

Las galerías de fotos
de las comidas de Navidad en el mundo


UN BALANCE, UN AÑO, EL 2010

El cumpleaños de la Comunidad es la ocasión para hacer una reflexión sobre lo que ha pasado, sobre el mundo que tenemos a nuestro alrededor y sobre cómo la Comunidad, en países distintos, ha intentado ser “Iglesia de todos y especialmente de los pobres”. Una reflexión no sólo sobre los éxitos, sino también sobre las dificultades, en un clima que en algunos países se ha hecho inhóspito hacia los más débiles, y que ha visto crecer el número de creyentes asesinados mientras iban a la iglesia, o a causa de su decisión de ser humanidad-puente en zonas de enfrentamiento. Una reflexión sobre el último año también va acompañada por la dificultad de ayudar en situaciones de guerra y de violencia endémica, o la herida de ver cómo con lentitud el mundo incide en situaciones extremas de dolor y de pobreza de futuro, como en Haití, incluso invirtiendo energías extraordinarias.

El 2010 es un año que, programáticamente, Sant’Egidio ha querido dedicar principalmente a África. Pero al mismo tiempo que hemos puesto África en el centro, para construir alternativas concretas a las ganas de huir, a las epidemias, a aquella ausencia de legalidad y a aquellos abusos que se ven agravados por el hecho de que millones de niños y de personas no están inscritos en el registro civil; al mismo tiempo que las Comunidades de Sant’Egidio se han dedicado más y han destinado más esfuerzos a crear oportunidades y esperanza para resistir al afropesimismo, africano y de los países ricos, Europa y el cansancio de Europa se ha impuesto como un nuevo reto, humano, espiritual y cultural, que hay que afrontar juntos, justo cuando África parece ser cada día menos interesante para los europeos, y al mismo tiempo ha visto un creciente interés por parte de China.

Para que África se salve –ese es el ambiente que se respira en Sant’Egidio, en todas las comunidades– hace falta más Europa, una Europa que renuncie menos y que esté menos bloqueada sólo por sus problemas internos. Y mientras el reto de encontrar, en cuanto europeos, un corazón y una alma y una pasión dentro de la globalización se ha convertido en un reto cultural, y también personal, hemos asistido al crecimiento de responsabilidades y de iniciativas de las distintas comunidades en Asia y en las Américas: comunidades jóvenes, que están creciendo, han asumido la responsabilidad del diálogo y de la reconciliación, de acciones para ayudar en las situaciones de emergencia provocadas por huracanes y terremotos, para rescatar a prisioneros, para inscribir en el registro civil a niños invisibles, para acompañar a los ancianos, para defender los derechos y la dignidad de los inmigrantes, los discapacitados, los no autosuficientes, los gitanos, los jóvenes sin trabajo.

Un trabajo que ha sido también constante en las comunidades italianas y europeas. Este rápido resumen de un año, que destaca algunos episodios emblemáticos mayoritariamente en Italia y en Europa, peca de omisión hacia cientos de iniciativas en todo el mundo, a menudo de dimensión más reducida pero de mayor significado e innovación: un extraordinario trabajo que crea y alimenta segmentos de la sociedad civil en países a menudo sin democracia, con un Estado débil y con escasos medios educativos y para el crecimiento de la opinión pública. En este sentido, cada iniciativa citada en estas breves notas debe imaginarse siempre en lugares distintos, con modalidades propias, en un estilo, local y global, siempre algo planetario.

En muchos de los 73 países en los que más de 60 mil personas de la Comunidad de Sant’Egidio y muchos más que colaboran con la Comunidad, hay que imaginar una vida cotidiana hecha de Escuelas de la Paz, acompañamiento de los ancianos en situaciones difíciles, de promoción de una cultura de acogida de los gitanos, los inmigrantes, las etnias y las minorías sociales, oración, trabajo activo como alternativa al crecimiento de una violencia difusa como problema mundial, en algunos con riesgo incluso de la propia la vida. En los últimos tres años dos jóvenes adultos de la Comunidad de Sant’Egidio han sido asesinados por su compromiso en favor de la justicia, por ser cristianos y por no haber aceptado la corrupción o el conformismo, en un entorno de fuerte nivel de ilegalidad y en territorios controlados por bandas de traficantes y de jóvenes criminales.

El balance de 2010 indica un crecimiento de la Comunidad de Sant’Egidio en muchos países del Sur del mundo, pero también de las Escuelas del Evangelio, un amplio movimiento de grupos de adultos: cristianos y no cristianos que se acercan al Evangelio como personas que buscan, atraídas por Jesús y por un estilo de vida menos centrado únicamente en uno mismo, abierto a los demás y a los pobres también mediante un compromiso personal. Un crecimiento significativo en Roma, en Italia y en muchos países europeos que se convierte en un elemento de humanización y de reconciliación en el día a día de grandes ciudades europeas marcadas a veces por la intolerancia y la fragmentación social. Un año de crecimiento también de una generación de laicos cristianos africanos, latinoamericanos, indonesios, asiáticos que saben dialogar con todos y crear esperanza para otros jóvenes y adultos incluso en países en los que los cristianos son minoría y a veces el objetivo de extremistas.

UNA SEMANA, LA ÚLTIMA DE ENERO DE 2011

Es difícil explicar un año entero: sólo en la última emana, iniciativas para desbloquear la situación de conflicto de Costa de Marfil incluso a nivel de base, para reducir la posibilidad de enfrentamientos por la calle y de víctimas, incluso en la periferia del país, en espera de que se solucione sin guerra civil el enfrentamiento entre los “dos presidentes”, el que reconoce la comunidad internacional y el saliente: “Convivir”, en Ouellé es un ejemplo de cómo trabajan las comunidades de Sant’Egidio en lugares y ciudades no famosos en Occidente, pero donde viven miles y millones de hombres y mujeres.  Reuniones en Abiyán del grupo de contacto permanente de los líderes de las distintas comunidades religiosas, para contribuir a la reconciliación nacional. También la última semana la intervención en la Cámara de Diputados en Roma con motivo del Año europeo del voluntariado; la nueva Guía para los pobres Dónde Comer, Dormir, Lavarse para la ciudad de Madrid; el recuerdo de la deportación de los judíos en la Estación de Milán; el programa ¡Viva los Ancianos! como propuesta pública tambíen para las administraciones loacales, en Novara; y en Roma, el último domingo de enero, la memoria de todas las personas que han perdido la vida en la calle; dignidad, amistad y un nombre para todos los que no tienen domicilio: una cita y un símbolo, en ciudades acostumbrados a todo, distraídas. También se han entregado las primeras ayudas al Fatima Hospital de Sagordha, en el Punyab paquistaní.

El sitio web de la Comunidad es otro modo de explicar o imaginar la densidad de este año que acabamos de dejar atrás: un cruce de caminos de noticias y de lenguas. Incluye 7 lenguas principales y 15 lenguas más con un número menor de páginas y de noticias, pero que dan una idea de qué es hoy y de cómo habla, al exterior y en su interior, la Comunidad de Sant’Egidio. Se puede seguir cada día la oración de la Comunidad, también online, que se transmite en colaboración con el circuito In Blu para Italia y que es accesible por Internet a las 20.30 h (hora italiana) en todo el mundo.

El sitio www.santegidio.org  se actualiza a diario. Quien lo siga entenderá sin dificultad que los problemas del mundo son para Sant’Egidio, de algún modo, siempre problemas “internos”, de casa. No podría ser de otro modo, desde el momento en el que las comunidades, siempre con personal local, están difundidas en 73 países del mundo, incluso en lugares donde no llega el transporte público, en las áreas alejadas de la ciudad en África, en los altiplanos de América Latina, además de las principales capitales del mundo. Así, el reto del tratamiento, gratuito, para los enfermos de sida en diez países del África subsahariana, es uno de los programas más importantes, por dimensiones y carga, de la Comunidad en el mundo, pero también es una respuesta necesaria y natural para no aceptar como normal la distancia entre la disponibilidad de tratamientos en nuestro mundo y la ausencia de lo necesario, el derecho al tratamiento negado como derecho humano, en el África subsahariana.  El programa DREAM ha llegado a cien mil personas que siguen el tratamiento, en 2010, y a un millón de personas, con sus familias, en la prevención, en la educación, en la terapia antirretroviral, en la lucha contra la malaria y la tuberculosis, en la terapia nutricional, en el counselling, en el apoyo a los adolescentes afectados por el virus desde el nacimiento, en la terapia de los niños (con cifras, en estos últimos dos casos, que figuran entre las más altas del mundo). Y hemos llegado a formar a 3.500 profesionales y figuras profesionales que ya son un patrimonio de conocimiento y de capacidades técnicas que permanece y trabaja en África, sin “fuga de cerebros”..

Locales, globales. Esto permite a veces a veces ser de los primeros en estar listos –porque no son ayudas que vienen de fuera y que pueden ocasionar problemas– en grandes emergencias mundiales. Como en Haití, donde ya hemos levantado, en medio del caos de las ayudas, una casa de acogida para niños que perdieron la familia, o en Pakistán, para la población musulmana afectada por las inundaciones, en Irak, en Nigeria, para ayudar a comunidades de cristianos que pasan dificultades en varias zonas del mundo, con un flujo constante de ayudas en una de las áreas más complejas del mundo. Pero cada día, también esta semana, es un día en el que miles y miles de jóvenes de la calle, de niños de las grandes periferias del mundo crecen en las Escuelas de la Paz. Y en las que en Roma –al contrario de dos décadas de fracasos parciales de todas las políticas de integración de la población gitana que han dejado espacio a crecientes sentimientos de intolerancia y a una política que quiere conjugar lucha contra la degradación, números limitados y recuperación de condiciones dignas de vida, pero sin acciones simultáneas de lucha contra el abuso y la creación de condiciones de vida vivibles– un 21 por ciento más de niños gitanos va regularmente a la escuela gracias a los programas experimentales que ha puesto en marcha la Comunidad. Con el programa “Derecho a la Escuela, Derecho al Futuro”, mejores prácticas aprobadas por la Unión Europea.

LO MÁS IMPORTANTE NO ES UNA NOTICIA DE PERIÓDICO

En un resumen anual, hay el peligro de incluir sólo las cosas más relevantes, pero sin duda alguna el centro de la vida de la Comunidad de Sant’Egidio en todo el mundo es una “contranoticia”, una no-noticia: intentar ser hombres y mujeres que no piensan sólo en sí mismos, que ponen en el centro la gratuidad en un mundo –al menos el occidental, aunque también es atractivo para el sur del planeta– en el que todo se compra y todo se vende. Un mundo en el que el sentido del bien común corre el peligro de desdibujarse y de evaporarse, incluso, y a veces sobre todo, entre las clases dirigentes. Gratuidad, los pobres como amigos y parte de la Comunidad. El “tesoro de la Iglesia”, como decía el mártir Lorenzo y como recordó a la Comunidad hace poco más de un año el papa Benedicto XVI en su visita al comedor de Roma, cuando fue a via Dandolo para comer con los pobres. Una relación, la que tenemos con el papa Benedicto, que se ha reforzado con los encuentros mantenidos en varias partes del mundo y que intentado, de maneras simples, ser apoyo en un año difícil para la Iglesia católica y para el obispo de Roma.

Al final de una década que se ha caracterizado por el enfrentamiento y por la guerra y por una crisis radical de credibilidad de los mercados, tras una década difícil, que deja a la próxima década un mundo con menos recursos, la Comunidad de Sant’Egidio, allí donde está, intenta crear las condiciones para convivir, para reducir la intolerancia, la demonización del otro, que lleva a guerras civiles, a persecuciones religiosas, al enfrentamiento social, a la marginación de inmigrantes y pobres, en todas sus formas.

Se ha cerrado una década, que empezó simbólicamente con el 11 de septiembre de 2001, marcado por la idea y por la práctica, fracasada, de la “guerra preventiva”. Con el paso del tiempo esta idea parece haberse convertido, en muchos ambientes, en comportamientos y en ideología difusa, a nivel personal y social: asistimos a un crecimiento, no sólo en Italia, de la “antipatía social”. Coincidiendo con una crisis financiera que rápidamente se ha convertido en económica y social, de grandes dimensiones y de grandes cifras, un clima de acentuada inhospitalidad ha ido sustituyendo a tradiciones y prácticas consolidadas de inclusión. No sólo en Italia, sino también en el Este de Europa y en otras zonas. Las comunidades de Sant’Egidio han multiplicado los encuentros públicos, el diálogo con las administraciones, con la opinión pública, las manifestaciones, las intervenciones culturales, la defensa concreta de minorías que cada vez más han sido objeto de desconfianza y de agresividad. Frente a una fragilidad social que en muchos casos se ha convertido en miedo, petición de medidas ejemplares, simplificación, criminalización de quien viene de fuera, de quien es diferente. Las comunidades de Sant’Egidio, en Italia y en el mundo, han trabajado para buscar las razones y los caminos para convivir, reconstruyendo cultural y concretamente el sentimiento de una unidad de destino entre las generaciones, entre viejos y nuevos ciudadanos, entre etnias distintas. Es un trabajo de “paz preventiva” que va del nivel personal (comportamiento, compromiso personal y espiritual de pacificación activa) a la construcción de caminos de diálogo ecuménico, interreligioso y entre partes en conflicto. Micro y macro.


Los Jóvenes por la Paz, los movimientos del País del Arco Iris, más dirigido a los niños y a los adolescentes, y el de los Amigos, que reúne a personas con y sin discapacidad, en Italia y en el mundo han representado un lugar de formación no violenta y de iniciativas a favor de las minorías más débiles. Una escuela para aprender el arte de convivir y la capacidad de resistir a la tentación de identificar a otros grupos como competidores y enemigos. Pero también taller de arte que ha dado lugar a exposiciones itinerantes en Italia y en Europa.

Una antropología de la convivencia civil y de la amistad ha inspirado la formación de miles y miles de niños y de jóvenes, mientras que muchos se han acercado al Evangelio y a la ejemplaridad de la pasión y de la conmoción de Jesús por cada hombre y por cada mujer, a partir de los más pobres: desde el trabajo para el reconocimiento de la nacionalidad italiana para los niños nacidos en Italia de padres extranjeros (Génova y otras ciudades italianas, la campaña nacional para la reforma de la nacionalidad promovida por la Comunidad de Sant’Egidio), hasta los niños recogidos de las calles y de los centros de menores en pleno choque civil en Costa de Marfil, o el Rejugete en muchas ciudades italianas y europeas, para crear una relación concienciada con el consumo, capaz de no contaminar y de reutilizar juguetes poco utilizados, creando así amistad y proyectos de solidaridad entre niños y jóvenes del norte y del sur del mundo.

Una educación en la paz y en la amistad con el “otro” que se ha traducido en cientos de iniciativas, algunas de mayor alcance, otras locales. La peregrinación de los jóvenes del Este de Europa a Auschwitz-Birkenau, “por un mundo sin violencia” es un ejemplo, así como el coloquio “Convivir en las ciudades multiculturales”, ante la presencia del presidente Napolitano en la Expo de Shangai. Y del movimiento de los Amigos han llegado propuestas innovadoras también sobre los grandes temas de la convivencia urbana y de la identidad nacional, en Italia. Contra corriente, con las obras de los Talleres de Arte del movimiento de los Amigos y de las exposiciones temáticas que se han hecho a lo largo de los años, se ha abierto en Torbellamonaca el museo activo que reúne las obras de artistas discapacitados. Y las obras expuestas son de una gran y a veces extraordinaria y emocionante calidad: “Nosotros, Italia”, una reflexión artística sobre la unidad de Italia y sobre los valores comunes en una época en la que parece flaquear el impulso de cohesión nacional incluso en sectores de las clases de gobierno y de las clases dirigentes del país. Una antropología que en muchas circunstancias se ha plasmado en iniciativas ejemplares, ejemplos concretos dirigidos a todos, como alternativa a esquematizaciones y al enfrentamiento, que se ha convertido en costumbre del discurso público, casi como un “pensamiento único”.

En la difícil situación de Costa de Marfil los encuentros entre imanes y responsables cristianos con la población han ayudado a reducir el número de víctimas de la violencia en una fase convulsa del país, en un estado de guerra civil latente, mientras que han continuado las acciones en varias cumbres para dibujar un camino de salida del estado creado por las elecciones presidenciales y por los dos presidentes.

Es una práctica cotidiana que se convierte en actuación diplomática compleja y de éxito con los acuerdos de “paz preventiva” en los que tomaron parte todas las fuerzas activas de Níger (15 de octubre de 2010) y en Guinea Conakry. Un país, Níger, emblemático de las amenazas a la estabilidad de África, como tránsito del tráfico y del terrorismo internacional, la ilegalidad difusa y la inestabilidad política crónica. El qcuerdo de Roma entre todas las fuerzas políticas sobre el terreno para recorrer un camino compartido y un calendario para instaurar la democracia, gobierno e instituciones en los próximos meses es una buena noticia a nivel internacional. Al igual que el trabajo realizado en Guinea Conakry y en Roma, el mes de mayo, hasta la firma del protocolo de acuerdo de todas las fuerzas de la Asamblea Nacional y del Gobierno de transición, para las primeras elecciones presidenciales y parlamentarias libres de la historia del país, tras 40 años de dictadura que coinciden con la historia de la independencia del país.

Es un trabajo que en 2010 ha recibido el reconocimiento de la Unión Africana 815 de julio) con la firma del “protocolo de acuerdo de cooperación entre la Comunidad de Sant’Egidio y la Comisión de la Unión Africana”, al que siguió la firma de los Acuerdos de cooperación (“Acuerdo sobre las sedes y las actividades internacionales”) entre Italia y la Comunidad de Sant’Egidio, que ve reconocido su papel “super partes” en las mediaciones internacionales y en la cooperación. El Premio de la Fundación Chirac a Mario Giro por la “Paz preventiva”, concedido en 2010 en París, tras el Premio Carlomagno, concedido a Andrea Riccardi en 2009 en Aquisgrán, indican la continuidad de un trabajo por la paz que hoy se enriquece gracias a un trabajo capilar, entre los niños, los jóvenes, las familias, las comunidades locales, las clases dirigentes, para una convivencia pacífica, sobre todo en zonas marcadas por la guerra o por la violencia difusa.

Es uno de los elementos identitarios de la Comunidad de Sant’Egidio, que se ve claramente en las dos últimas décadas. Por primera vez, con documentos de primera mano y elementos jamás divulgados, las principales historias de mediación y de trabajo para la reconciliación nacional y el fin de las guerras civiles y choques étnicos, se ha publicado el libro “Fare Pace” (Leonardo International). En muchas ciudades italianas la presentación de esta primera historia de las principales mediaciones internacionales de Sant’Egidio se ha convertido en una ocasión ciudadanos para realizar una reflexión sobre las vías alternativas a la guerra en la resolución de conflictos y sobre la necesidad de reducir el clima de enfrentamiento, también social, en nuestro país.

La apertura del comedor y de la escuela en goma (RDC), la “caravana de la paz” en El Salvador para hablar a los jóvenes del país y ofrecer una alternativa a los modelos desviados de las maras, que en 2009 mataron a William Quijano, responsable de las escuelas de la paz de la Comunidad en el barrio de Apopa, las iniciativas de recuerdo de la Shoah, desde Bratislava hasta Milán (“Binario 21”, desde Wurzburg hasta la gran marcha del 16 de octubre en Roma), forman parte de la misma sensibilidad y necesidad de construir una cultura del Otro, como alternativa a una cultura del “desprecio”.

Un reflejo de este trabajo y de esta sensibilidad está presente en algunos documentales que, de manera bastante casual, se han concentrado este año: La audacia del amor, que repasa la historia de la Comunidad de Sant’Egidio, por primera vez; Contagio positivo, que se centra en Malawi y en sus dificultades y de donde surge, con su belleza y su eficacia, el programa DREAM; Dominique’s Story, que explica la vida y los últimos momentos de Dominique Green, condenado a muerte en Texas, y el inicio de la Campaña mundial contra la pena de muerte de la Comunidad; y Segni di Pace ad Auschwitz, que documenta, entre el pasado y el presente, el horror de la Shoah y a la vez la peregrinación, en muchos aspectos única, de las grandes religiones mundiales a Auschwitz-Birkenau, en septiembre de 2009.


UN ASPECTO POCO CONOCIDO: LAS INTERVENCIONES EN LAS EMERGENCIAS INTERNACIONALES –Y EN LA VIDA DE CADA DÍA– EN EL SUR DEL MUNDO


Sant’Egidio tiene un corazón romano pero está en el mundo: con naturalidad e inmediatez en las principales heridas del mundo en un año en el que ha habido millones de víctimas y familias afectadas, desde Haití hasta Pakistán, y también en lugares que no han sido destacados por los medios de comunicación occidentales o italianos. Y también un día a día, no asociado a la emergencia, con iniciativas para reducir el sufrimiento en muchas partes del mundo.

Por poner algunos ejemplos: un contenedor de ayudas que salió desde la ciudad ecosolidaria de Roma ayudó a las víctimas del huracán Ida de El Salvador; uno de los primeros éxitos y signos de esperanza en Haití después del terremoto de hace un año fue la reapertura de la Escuela de la Paz de Canapé-Vert y la posterior construcción e inauguración de una casa de acogida, hoy en pleno funcionamiento, en Puerto Príncipe. Es difícil resumir todas las acciones. Es un recorrido en la geografía y en la solidaridad, sin límites previsibles ni obvios: a mediados de julio, con los niños y las familias adoptados a distancia en Tamil Nadu, una acción que continúa desde el tsunami de 2004, tras las actuaciones que reconstruyeron las casas y la escuela, y que permitieron volver a practicar la pesca; las escuelas de la paz de Berat y las dos nuevas casas de acogida para ex internos del hospital psiquiátrico de Tirana, en Albania; las ayudas que llegaron a Pakistán, ya el 3 de septiembre, a la zona de Charsadda, cerca de Peshawar, y que fueron repartidas por las comunidades de Sant’Egidio locales, tras las inundaciones que afectaron a una zona con veinte millones de habitantes; los tratamientos odontológicos y oculistas gratuitos en Guayaquil, en Ecuador, junto a las Escuelas de la Paz.

Las ayudas y la presencia en las zonas afectadas por el huracán en Centroamérica, desde El Salvador, hasta Nicaragua, o Cali, en Colombia, con las víctimas de un intento de envenenamiento colectivo, hombres y mujeres que viven en la calle; con las víctimas del terremoto en Karonga, y en Rosario, en Italia, con los inmigrantes afectados por ataques violentos de la población local. En los barrios romanos desde los que partieron las expediciones anti-inmigrantes, y también en las islas Metnanawi, en Indonesia, donde las comunidades indonesias llegaron de inmediato con ayuda para las familias.

La lista es muy larga. Pero da muestra de cómo viven y se mueven las comunidades de Sant’Egidio. En Italia, se recogieron ayudas en el centro y el sur del país y se llevaron al véneto para ayudar a los afectados por las inundaciones de aquella región: una solidaridad natural, pero que va contra la tendencia marcada por el clima natural del país.  Lo que ha marcado la diferencia, en cualquier parte del mundo, ha sido una vez más la capacidad de ser “locales” y de poner a disposición un know how de solidaridad internacional y de medios que, una vez recogidos, llegaban directamente a la población, gracias al hecho de que aquellos que decidieron dedicar semanas o un mes en las zonas de emergencia actuaron de manera totalmente voluntaria y con gran profesionalidad. Así fue en el caso del terremoto de Haití, donde desde los primeros días se alternaron voluntarios y profesionales de las comunidades de Estados Unidos, El Salvador y de Centroamérica.

Al mismo tiempo han aumentado las adopciones a distancia –más de 9 mil– que permiten a otras tantas familias y jóvenes acceder a la escuela y a la educación superior, en algunos casos han permitido crear casas de acogida y centros para niños de la calle que crecen y estudian gracias a las adopciones a distancia, e iniciativas de apoyo de enteros pueblos y grupos de familias. Una cotidianidad que incide y humaniza de manera estable y silenciosa.

RECUERDO DE QUIEN QUEDA EN EL OLVIDO, PARA DAR DIGNIDAD A TODA VIDA HUMANA

Pero hay un aspecto que tal vez explica el último año de Sant’Egidio más que los otros. Poco conocido, aparentemente irrelevante. El resumen está tal vez en la denominada “Misa por Modesta”, la celebración en recuerdo de todas las personas sin casa que han muerto en la calle, celebración que tuvo lugar en Santa Maria in Trastevere el 30 de enero de 2011, coincidiendo con el último domingo del mes. Es un recuerdo que se repite cada año desde 1983, año en el que una mujer que vivía en la calle, Modesta Valenti, se encontró mal, no fue atendida como debía y murió sin ser atendida porque iba sucia. El recuerdo, nombre por nombre, de todos los que han perdido la vida en la calle en los últimos años, y en el último año, reúne a un pueblo de amigos de los pobres y de pobres que raramente se ve en la iglesia. Saber que no serán olvidados, la dignidad del recuerdo, del afecto, incluso al cabo de años, contrasta mucho con el anonimato de la gran ciudad, con enrarecimiento de las relaciones humanas, con la velocidad y la concentración sólo en el presente. Y el recuerdo llega a quien es considerado invisible en una gran ciudad, y a quien no cuenta para nada, que a veces ni siquiera está inscrito en el censo.

El recuerdo de los débiles y de quien no cuenta para nada y de las víctimas de la pequeña y gran violencia urbana ha sido una constante, en los barrios romanos y en el mundo. Identificar a quien ha muerto por el frío, un funeral digno, acompañar en las últimas etapas de la vida de muchos ancianos no autosuficientes y discapacitados, el acto público en la estación Anagnina del metro de Roma en recuerdo de la enfermera rumana Maricica Hahaianu asesinada por intolerancias sin motivo, el pequeño Marius, quemado en Roma en una barraca, y el recuerdo de todos los niños y jóvenes gitanos y de los inmigrantes muertos de manera violenta, la visita y la ayuda concreta a los supervivientes de la tragedia de Sangem, en el sur de Kivu, por parte de las comunidades de Bukavu y de Uvira, y la proximidad a los leprosos en Mozambique, que ha dado vida a comunidades en las que prevalecen los enfermos por encima de los sanos: esta es una clave para entender el último año de la Comunidad de Sant’Egidio y las prioridades de la Comunidad. El recuerdo, con la liturgia ecuménica “Morir de esperanza”, para recordar a los desaparecidos en el Mediterráneo, prófugos y solicitantes de asilo en búsqueda de una vida mejor y víctimas de traficantes y de viajes cada vez más difíciles. Mil más que el año anterior: una pregunta inquietante sobre la política de la seguridad aplicada y sobre los acuerdos internacionales que han hecho aún más peligrosos los viajes de la esperanza.

Cada vida humana tiene una dignidad, la de los presos en Italia y en el mundo, la de los condenados a muerte, la de aquellos que tienen una vida tan marginal y débil que en algunos suscita pensamientos de eugenética y de eutanasia social. Cada vida humana tiene un nombre, una historia, es digna de ser amada y recordada, especialmente la de los más pobres. El sufrimiento y la violencia de muertes imprevisibles a veces puede dejar un espacio sólo a la oración, pero la oración también es una propuesta a la conciencia de ciudades enteras y de comunidades enteras para humanizar en lo posible la vida del día a día incluso en los casos en los que es más dura.

Son más de 80 las cárceles en el mundo en las que hay una presencia regular de la Comunidad de Sant’Egidio, en África, en América Latina y en Europa. Han participado en la campaña para rescatar a presos más de mil detenidos de cárceles italianas que ayudan con sacrificio personal a los presos en África sin jabón, comida o estera para dormir. Colchones para los detenidos de la cárcel central de Garoua (Camerún), las visitas y las ayudas en Grand Bassam, en Costa de Marfil, los programas de rehabilitación en la cárcel de menores de Mbeya (Tanzania), la liberación de detenidos en Mozambique (25 en tan solo tres meses), la presencia en las cárceles de Angoche, Pemba, de la capital y de Nampula, y los niños de la calle liberados de la cárcel y devueltos a sus familias con la ayuda de las comunidades de Sant’Egidio de Camerún en Maroua. Una humanización que se convierte en motivo de rescate también para los presos.

Con acuerdos innovadores con los puntos fronterizos de Italia hemos podido distribuir en las cárceles italianas miles y miles de piezas de ropa, zapatos y pijamas decomisados y destinados a su destrucción. El punto más profundo de esta humanización que se traduce, país a país, en campaña institucional y propuesta legislativa para superar las principales contradicciones y el fracaso de un sistema carcelario cada vez menos “rehabilitador” y más punto de llegada final de las contradicciones sociales y de un sistema judicial limitado exclusivamente al momento de la pena fueron las comidas de Navidad en muchas cárceles del mundo y en 24 cárceles italianas, en las que participaron uno de cada veinte detenidos en Italia. Por segunda vez, el 26 de diciembre,  en la Rotonda de Regina Coeli de Roma, con la participación de los responsables nacionales del sistema carcelario en un diálogo abierto.

Son más de 1.500 los condenados a muerte con los que hemos establecido una correspondencia y una relación regular de ayuda, mientras que se ha intensificado el trabajo país por país e internacional para detener la pena de muerte en el mundo. En el IV Congreso mundial contra la pena de muerte la Comunidad de Sant’Egidio junto con la FIDH, presentó el resumen de los trabajos en nombre de la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte, el 26 de febrero de 2010. El congreso y la Conferencia internacional de ministros de Justicia, en mayo de 2010, contaron con la participación de más de veinte países y fue un modo de acompañar a países mantenedores en el camino hacia una moratoria de las ejecuciones y la abolición. Se ha consolidado el proceso de abandono del uso de la pena capital en Asia central, con visitas de Kazajistán y Uzbekistán, intervenciones directas en Mongolia y un diálogo con el presidente de las Maldivas, que han contribuido de manera relevante al aumento del número de votos a favor de una moratoria universal en la Tercera Resolución aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, mientras que el trabajo país por país en África ha ayudado a reducir los votos contrarios y las abstenciones.

La campaña que lanzamos en ocasión de la Jornada Interancional de las Ciudades contra la Pena de Muerte, el 29-30 de noviembre (este año más de 1.300 ciudades del mundo se han convertido en Ciudades por la Vida, con más de 250 actos internacionales al mismo tiempo) pare detener la exportación de Italia del pentotal, anestésico necesario para hacer el cóctel mortal que se utiliza en las ejecuciones por inyección letal, a mediados de enero logró su objetivo. La empresa americana Hospira, matriz de la filial italiana de Liscate, que era la única planta autorizada para realizar dicha producción, anunció que renunciaba totalmente a producir dicho fármaco a causa de la campaña de la Comunidad, en la que participaron, además de otras ONG e iniciativas parlamentarias, el Gobierno italiano: introducimos así una traba más para que se lleven a cabo ejecuciones en Estados Unidos. La Comunidad colabora desde hace tiempo con las organizaciones abolicionistas americanas y de Illinois, y con la sociedad civil y las instituciones, para llegar a la firma de la abolición definitiva de la pena capital por parte del gobernador Quinn del estado de Chicago, que se espera para el mes de febrero de 2011.

UN AÑO DIFÍCIL PARA LOS CRISTIANOS EN EL MUNDO


Abierto y cerrado con graves atentados en las iglesias, y por enfrentamientos, desde Irak hasta Nigeria o Egipto, en el año que termina la Comunidad de Sant’Egidio ha estado al lado de los cristianos que pasaban situaciones difíciles en varias partes del mundo. En América Latina, desde Buenos Aires hasta El Salvador, el recuerdo de monseñor Romero ha inspirado encuentros públicos y la reflexión de las comunidades, mientras se acerca el 31 aniversario del martirio del obispo salvadoreño. Gestos de solidaridad con los cristianos iraquíes, víctimas de graves atentados, y con los coptos ortodoxos y el papa Shenouda tras el atentado suicida de principio de 201, han sido un tributo de amistad que la Comunidad siente como algo necesario, aunque dolorosamente insuficiente. La oración por las víctimas de los atentados terroristas acompañó en varios momentos del año esta situación dolorosa. La Comunidad ha intentado responder a lo que el papa Benedicto XVI definió como “cristianofobia” creando momentos de diálogo para eliminar el miedo y la desconfianza. Todo ello sin renunciar a comunicar el Evangelio, como atestiguan la conferencia internacional en Roma “Cristianos y musulmanes en Oriente Medio en diálogo” (Roma, 22 de febrero de 2010), en Yakarta el encuentro público sobre la “comunicación del Evangelio” (5 de julio) y la oración por los cristianos de Irak, en San Bartolomeo all’Isola Tiberina de Roma. La oración con los padres sinodales reunidos en Roma de todo Oriente Medio fue otra ocasión para reflexionar sobre la necesidad de convivir en una tierra afligida todavía por conflictos y dificultades de vida que impulsan a muchos cristianos a emigrar y a las autoridades políticas y civiles a favorecer la confesionalización de las zonas de residencia, por el aumento de la inseguridad: un terrible efecto colateral de guerras iniciadas para difundir la democracia en la zona. Los ataques a los lugares religiosos han afectado también a mezquitas en Irak, en Pakistán y durante todo el año han marcado terriblemente el uso instrumental de la identidad religiosa para crear terror y atacar a los adversarios sociales y políticos. Incluso en contextos de enfrentamientos y de dificultad cotidiana las comunidades de Sant’Egidio desde Indonesia hasta Pakistán han continuado su servicio al lado de los más pobres, de cualquier confesión religiosa. Y hemos ofrecido en varias ciudades a los inmigrantes y prófugos musulmanes hospitalidad para la oración en ocasión de las grandes fiestas islámicas.


El encuentro mundial de Oración por la paz de Barcelona al inicio de septiembre (“Familia de los pueblos, familia de Dios”), en plena crisis económica y de modelos, europea, acompañado por encuentros regionales contemporáneos de diálogo entre creyentes de las grandes religiones mundiales en los distintos continentes, precedió la visita del papa Benedicto XVI a Barcelona para inaugurar la Sagrada Familia. El encuentro preparó el significado universal de aquel acontecimiento y contribuyó a establecer un clima de atención positiva en una ciudad con una baja práctica religiosa pero a la que impactó fuertemente la contribución positiva de diálogo y de comprensión y de propuesta cultural que supuso para los participantes en el encuentro internacional. Se reafirmó con fuerza, al término de una década de contraposiciones y de guerras, incluso en una situación de crisis, la posibilidad de convivir pacíficamente y la necesida del diálogo como respuesta a la crisis y a la patología del miedo y del enfrentamiento en el Mediterráneo y en Oriente Medio. Fue un momento alto de diálogo en el que destacó, entre otras, la presencia del rabino jefe de Israel y del rector de la Universidad de Al-Azhar, de los presidentes de Chipre y de Montenegro, de intelectuales laicos y de las más amplia representación islámica que ha participado jamás en los encuentros internacionales de oración por la paz, provenientes de 12 países. Entre los numerosos momentos importantes cabe recordar el difícil y franco debate en búsqueda de caminos alternativos al enfrentamiento en un diálogo abierto, entre el ministro israelí Youli Yoel Edelstein y el ministro palestino Mahmoud Al Habas, el día en el que finalizaba la tregua de nuevos asentamientos israelíes, en un momento de grandes tensiones en el conflicto entre Israel y Palestina. El encuentro realizado en Cataluña estuvo marcado por la presencia de los metropolitas rusos Filarete e Hilarión, y por la histórica celebración presidida por el arzobispo de Barcelona con homilía conjunta del metropolita de Minsk y del arzobispo, fruto de una larga historia de amistad con el patriarcado de Moscú vivida y construida por la Comunidad, escenificada también por la concesión de la Orden de San Sergio el 29 de enero de 2010 a Andrea Riccardi por parte del patriarca de Moscú y de todas las Rusias, Kiril. En el camino de visitas y de colaboración con el patriarcado de Moscú cabe recordar al menos el congreso internacional celebrado en Roma “Los pobres son el tesoro precioso de la Iglesia: ortodoxos y católicos en el camino de la caridad” (5 de mayo). La caridad como el terreno privilegiado de encuentro y de trabajo común, en el servicio a los pobres, entre ortodoxos y católicos.

En Barcelona se anunció el próximo Encuentro Interreligioso por la Paz en la ciudad de Múnich, en el que será el décimo aniversario del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2011. Será como volver a empezar, bajo el signo del diálogo, en el corazón de Europa, desde una ciudad que vio en toda su fuerza los inicios del nazismo, el horror de las persecuciones y de la guerra.

Oración por la paz, y Marcha de la Paz, el 1 de enero. Más de diez mil participantes, el primer día del año, en Roma, a los que saludó en el Angelus el papa Benedicto XVI, que recordó también que en otras partes del mundo, al mismo tiempo, miles y miles de personas participaban en aquella misma Marcha por iniciativa de la Comunidad.

HACER VISIBLES A LOS INVISIBLES


Los “invisibles” que pasaron a ser visibles en 2010 son especialmente los niños y los adultos que se pudieron inscribir en el registro civil gracias al programa Bravo!. El programa Bravo!, que empezó con un acuerdo de Estado y de Gobierno en Burkina Faso, con el Año de inscripción gratuita y universal en el registro civil, alcanzó plenamente toda su eficacia en el año apenas terminado. 3 millones y medio de niños se inscribieron en el registro civil, reduciendo así de manera firme un filón de abusos, tráfico de personas, ilegalidades, imposibilidad de estudiar y trabajar de manera regular, un potencial elemento de enfrentamiento étnico y guerra civil. Al mismo tiempo se ha creado un modelo para la emergencia y para la vida cotidiana del país, modelo que es capaz de involucrar desde la magistratura hasta el personal administrativo, desde los medios de comunicación hasta la Iglesia católica y los jefes de pueblo para resaltar sus capacidades profesionales y hacer que el servicio de inscripción en el registro sea permanente en el país.

Mira el vídeo sobre el programa ¡Bravo!

El modelo de Burkina Faso, en los dos Coloquios y Conferencias internacionales: “Niños fantasmas nunca más: África y el reto de la inscripción en el registro civil” y “Ayúdame a existir”, en Uagadugú, han contado con la participación de responsables políticos y administrativos de varios países africanos, sentando las bases para un programa de proporciones más amplias.

En otros países africanos Bravo! se ha puesto en marcha con dimensiones más reducidas y no a escala nacional, desde Madagascar hasta Tanzania, Uganda, y en todas las zonas en las que hay Escuelas de la Paz y Centros Nutricionales de la Comunidad.

Se trata de un reto de grandes dimensiones –en el mundo cada año nacen más de cincuenta millones de niños que no son inscritos en el registro civil– y que se está empezando a afrontar. Se trata de una campaña y un programa que debe hacer frente, como la lucha contra el sida, a problemas y cifras gigantescos, y que requieren ingentes recursos, a pesar de que apenas el 5 por ciento de los fondos recogidos por la Comunidad se destinen a gastos generales y el resto, el 95%, se dedica íntegramente a los programas, a favor de los destinatarios. Es un dato que hace y siempre ha hecho de Sant’Egidio un caso particular en el ámbito de las organizaciones internacionales.  En 2010 nació e hizo sus primeras iniciativas la Asociación Agenda Sant’Egidio para ayudar a buscar fondos para programas de tan amplio alcance. La Asociación organizó un acto benéfico en el estreno de la ópera de Rossini Moise et Pharaon, dirigida por el maestro Riccardo Muti en el Teatro dell’Opera de Roma.

 

En 2010 el servicio a los ancianos de la Comunidad, servicio que cumple casi cuarenta años, ha asistido a nuevos escenarios, internacionales, cambiantes. En Italia y en Europa ha crecido en capacidad de propuestas para una reforma de los servicios de asistencia, que todavía se centran sobre todo en el ingreso y en los grandes centros residenciales. El libro Viva los Ancianos, que expone un programa innovador de bienestar y de cobertura del riesgo de todos los ancianos, dando preferencia a la asistencia a domicilio en lugar de la institucionalización, es muestra de la madurez alcanzada. Se trata de un programa a disposición de las administraciones públicas y que puede mejorar la calidad de vida, reducir los perjuicios de la no-autosuficiencia y el aislamiento social, y que además es claramente sostenible desde un punto de vista económico..

La extensión del programa al barrio romano de Esquilino y en otras zonas de Italia permite ofrecer ejemplos practicables que repropongan una cobertura integral de todos los ancianos. La región del Lazio ha presentado la propuesta de generalizar por primera vez la experiencia de Viva los Ancianos a las cinco provincias.  La perspectiva es mejorar la calidad de vida de los ancianos, incluso los que son poco autosuficientes, y reducir los ingresos tanto en el hospital, como en urgencias o en residencias sanitarias asistidas. El programa y su eficacia fueron premiados el 21 de junio con la August and Marie Krogh Medal, reconocimiento de la Academia de Dinamarca por las excelencias en la mejora de la calidad de vida.

El año pasado también fue un año de nuevo impulso en la relación con los ancianos, porque la Comunidad de Sant’Egidio en el mundo, en los países del sur, ha visto cómo se multiplicaban los episodios de violencia y discriminación contra los ancianos. Es lo contrario de un pensamiento difuso que, en las sociedades tradicionales, honra a sus ancianos. En un rápido y confuso paso de las culturas tradicionales a la globalización, los ancianos corren el peligro de ser la franja débil y menos protegida, junto a los niños, en todo el sur del mundo. En Mozambique, Guinea Conakry, Santa Maria de Cahabón, en Alta Verapaz (Guatemala), en Managua, Nicaragua, y en otros países han nacido asociaciones de “amigos de los ancianos”. El acto central fue la conferencia internacional celebrada en Malawi que puso en el orden del día de varios países africanos este fenómeno que corre el peligro de convertirse en la nueva e invisible emergencia. En países en los que sólo el 22 por ciento está cubierto por seguros o pensiones, frente del 75 por ciento o más de Europa. Una nueva frontera para el sur del mundo.

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